La magia de “Los Misterios de la Incertidumbre” produjo su reflejo en la Librería Mascarat de Altea.
Leopoldo Bernabeu
Segunda experiencia y segundo triunfo. Porque el éxito no sólo se mide en números sino por sentimientos, algo que se aprende con el tiempo transcurrido y la experiencia recorrida. Saborear una conversación en una reunión de amigos es algo que, sólo con la edad y la sabiduría que ofrece la literatura, se puede disfrutar como el manjar de unos dioses. Y eso es lo que viene sucediendo a mi alrededor desde que “Los Misterios de la Incertidumbre” vio la luz. He de afirmar que jamás soñé sentirme tan afortunado. Predije situaciones que se asemejan, aunque sólo sea en parte, a lo que viene sucediendo desde el nacimiento, pero la experiencia lo está mejorando todo. Me río de quienes creen que el coste no compensa lo demás, porque son almas que todavía no han ascendido al mundo de lo simple.
La novela vuela ya sola. Me permite por tanto generar una inventiva a su alrededor similar a una nebulosa de paz, alegría e ilusión que facilita disfrutar de la inercia del momento y el trabajo realizado, de la satisfacción que transmite y de la sensación por seguir creando episodios de novela que distraigan el alma del esclavo tormento que la parsimonia y la rutina de este bendito mundo ciegan los ojos de la atónita mayoría.
"Los Misterios de la Incertidumbre” permite a David seguir viviendo atrapado en una tormenta de ilusiones. Esa búsqueda de la felicidad que le ha conducido por variopintos caminos, y la incertidumbre, la gran protagonista de la obra, va a seguir siendo su eterna aliada. En esta aventura él se descubre así mismo contándoselo al universo en voz alta, y en todas estas presentaciones, como la última en la librería Mascarat de Altea, soy yo como autor, el que goza de un aura de misticismo que está resultando mi gran premio ante el gran público.
Gracias a todos los que compráis el libro, también a cuantos la habéis leído o estáis en ello y me mostráis, en numerosas ocasiones a través de vuestra opinión, la sorpresa que sorprende. Vuestra favorable percepción hacia una obra “que no puede dejar de leerse. Gracias a Toni de Mascarat por la cesión de su espectacular mausoleo de libros e historias, el lugar ideal para ir en busca de la sombra de un viento que no existe pero embriaga. Y gracias a mis amigos Alfonso Lara, Pedro Juan San Juan, Antonio Alcaraz y Raúl Ripoll, porque gracias a sus maravillosos detalles, la fiesta tuvo, además de magia, el perfecto sabor que faltaba a una noche mágica, llena de pasajes literarios.
Nos vemos el viernes 11 de abril en el Museo de Finestrat.