BUENAS ACCIONES
Era una persona trabajadora, eficiente y comprometida como nunca antes se había visto. Siempre pensando en el progreso, en mejorar, en aportar algo a la empresa, a su familia o a la sociedad. Una persona implicada, servicial y activa en muchas causas humanitarias. Ayudaba a los desvalidos, a los necesitados, a los animales y a cualquier cosa buena en la que creyese.
Siempre pensó que aportar era parte inherente del ser humano, que apoyar era su gran cometido en esta vida; y por eso había tanta gente que la quería y la buscaba. Era altruista, no buscaba recompensa alguna, solo intentar mejorar un mundo que cada vez era más individualista y despreocupado; y por eso la gente se sentía en deuda con ella.
Ayudó tanto a los demás, aportó tanto a tantas causas, que apenas le dio tiempo a vivir para ella. Tan preocupada estaba por dejar un buen legado, una buena imagen y su granito de arena, que se olvidó de cuidarse a si misma. Vivió largos años, pero la enfermedad, como a cualquiera, acabó llevándosela sin mediar palabra. Su entierro fue multitudinario, hubo que cerrar calles y contratar seguridad para controlar la marabunta de gente que se congregó para darle un último adiós.
Pero ni la muerte la frenó. Tan ocupada estaba en sus quehaceres y sus actos, que se olvidó de morir. Siguió aportando, sin importarle dónde ni cómo. Nunca aceptó que su historia había terminado y siguió vagando por el mundo como un alma en pena, perosin la pena.
Guiaba a personas extraviadas, avisaba de peligros a mayores y pequeños y, en general, ayudaba con lo que su escasa energía aún le permitía; pues esa era su vida, su cometido: ayudar a los demás, y ni tan siquiera la muerte iba a quitarle eso.
AINHOA PASTOR SEMPERE