Irene Moray lleva su proceso creativo al Festival Skyline de Benidorm: memes, meditaciones y la defensa de hacer cine desde la intuición.
En el marco de la última jornada de actividades del Festival Skyline de Cine de Benidorm, la cineasta y fotógrafa Irene Moray, Premio Goya al Mejor Cortometraje de Ficción por Suc de Síndria en 2020, ofreció una ponencia que difícilmente olvidarán quienes estuvieron presentes. Sin powerpoint de logros ni discurso ensayado, Moray llegó con memes, con honestidad y con una forma de hablar del oficio que mezcla a partes iguales el rigor y el humor. El resultado fue una de las intervenciones más aplaudidas del festival.
El meme como punto de partida
Moray eligió comenzar con un dibujo que le había compartido una amiga músico, representando las fases emocionales del proceso creativo: la ilusión inicial, la duda, la agonía —marcada porque ahí estaba ella cuando hizo la captura de pantalla, y porque ahí está la mayor parte del tiempo cualquier cineasta— y finalmente, si se sobrevive, la epifanía. Una imagen simple y certera que arrancó las risas del público pero que también funcionó como mapa honesto de todo lo que vino después.
Ese tono, divertido y reflexivo a la vez, marcó toda la ponencia. Moray trajo más memes propios sobre la distancia entre la película que imaginas y la que terminas rodando, ilustrada entre otros ejemplos con la foto de una tarta perfecta frente a otra que salió muy distinta a la expectativa inicial. Se apresuró a aclarar entre risas que ella hace muy buenas tartas y aquella fue una excepción histórica. La metáfora, sin embargo, era perfecta: la primera versión de un guión tiene la base, tiene la idea, pero no tiene todavía la forma que debería tener.
Defender la visión sin saber muy bien cómo explicarla
Habló de cómo, al trabajar en Suc de Síndria con productora por primera vez, tuvo que defender su visión frente a lecturas más convencionales del guión. Donde otros veían la necesidad de más tensión dramática o arcos más explícitos, ella veía una pareja que simplemente comparte espacio y se quiere en horizontal. "Yo tiraba por la intuición y sobre todo por lo que te piden los personajes y la historia que quieres contar." Esa convicción, mantenida con calma pero con firmeza, es la que dio al cortometraje su carácter propio y parte de su reconocimiento posterior.
También reflexionó sobre las estructuras narrativas establecidas: "Está bien conocerlas para luego tirarlas a la basura y hacer otras cosas." Una declaración que, dicha por alguien con un Goya en la estantería, suena menos a provocación y más a método.
Meditaciones, imágenes y la primera toma que quedó en el montaje
Describió cómo trabajó la dirección de actores desde un lugar inusual: mediante meditaciones guiadas que construían imágenes abstractas ligadas al universo visual de la película, evitando que la actriz tuviese que conectar con experiencias traumáticas reales para interpretar escenas de gran carga emocional. "No quería que ella tuviese que conectar con algo que le hubiera pasado. Trabajamos con imágenes del propio mundo de la película."
El montaje como otra escritura
El trabajo junto a la editora Ana Faz fue otro de los capítulos centrales de la ponencia. Moray habló de ese proceso como de un aprendizaje enorme, y de cómo la decisión de eliminar escenas queridas —momentos de humor y ternura entre la pareja que a ella le encantaban— fue una de las lecciones más valiosas. "Fue un momento de dejar ir algo que para mí era muy importante." Con la perspectiva del tiempo, reconoce que esos cortes fueron los que dieron al cortometraje su ritmo y su verdad emocional. De Faz se llevó también una idea que repitió varias veces durante la charla: que cada corte tiene que sumar significado. Nada en el montaje es inocente.
Hacer cine y disfrutarlo: una defensa sin complejos
Fue igualmente honesta sobre la importancia de trabajar en entornos de confianza creativa y sobre lo que ocurre cuando eso no existe. "Rueda lo tuyo, confía, sigue, pásatelo bien, rodéate de gente que te haga sentir bien." Y añadió algo que pocas veces se dice tan claramente en un foro profesional: que no disfrutar del proceso, que pelearse con cada decisión y no sentirse libre creando, es también una forma de fracaso, independientemente del resultado final.
Moray prepara actualmente su primer largometraje, que rueda este mismo año. La energía con la que habló de ese nuevo reto —y de los años que ha llevado levantarlo— dejó claro que llega a él con el criterio, la voz y el sentido del humor bien asentados. El Skyline de Benidorm tuvo la suerte de verla en ese momento.
Samuel González para Leo Radio Benidorm