¡David tumbó a Goliat! El Servigroup Benidorm remonta y se mete en la siguiente ronda de la Copa del Rey
La Copa del Rey siempre tiene ese encanto especial. Es una competición en la que los pronósticos están para romperse y en la que, de vez en cuando, el David de turno decide que ya está bien de que Goliat se lleve todos los aplausos. Esta vez, el protagonista fue el Balonmano Servigroup Benidorm, que hizo vibrar al Palau d'Esports l'Illa con una remontada de las que se recuerdan, para imponerse por 32-30 al Ángel Ximénez Puente Genil, equipo de la Liga ASOBAL.
Sobre el papel, los visitantes partían como favoritos. Y durante buena parte del encuentro hicieron todo lo posible para confirmar ese papel. Los pontanos, pese a no contar de inicio con algunos de sus jugadores más importantes, tomaron pronto las riendas del partido, abrieron una brecha de tres y cuatro goles y llevaron el encuentro por los derroteros que más les interesaban.
Mientras tanto, el Benidorm buscaba su sitio sobre la pista. A los locales les costaba encontrar fluidez en ataque y cada gol exigía una buena dosis de trabajo, paciencia y esfuerzo. El equipo se mantenía en la pelea, pero el conjunto cordobés parecía tener controlada la situación. Al descanso, el marcador reflejaba un 12-16 que invitaba a pensar que la lógica acabaría imponiéndose.
Pero el balonmano, como tantas otras cosas, tiene la sana costumbre de no entender de guiones.
La segunda parte arrancó sin demasiados cambios en el panorama. Durante los primeros diez minutos, el Puente Genil seguía manejando una renta que le permitía jugar con cierta tranquilidad, mientras el Benidorm trataba de encontrar la fórmula para meterse de lleno en el partido.
Y entonces apareció la tecla que faltaba.
Alejandro Cutanda, técnico benidormense, obligado además a buscar soluciones ante la baja de uno de sus principales goleadores, Vicente Poveda, encontró una combinación en la primera línea que cambió por completo la cara del equipo. Lo que hasta ese momento eran ataques trabajados y goles que costaban un mundo empezó a convertirse en otra historia: juego rápido, circulación más fluida y una velocidad que descolocó a la defensa visitante.
El Benidorm comenzó a recortar distancias y, casi sin que nadie se diera cuenta, el partido pasó de estar cuesta arriba a convertirse en una auténtica fiesta local. Los lanzamientos desde los extremos encontraban portería con una efectividad extraordinaria y, cuando había oportunidad de correr, ahí estaba un Pepe Mora especialmente enchufado, dispuesto a convertir cada contraataque en una nueva alegría para la grada.
El Palau empezó a creer. Y el equipo, también.
La remontada se consumó mediada la segunda mitad, cuando el Servigroup Benidorm consiguió ponerse por delante y obligó al Ángel Ximénez Puente Genil a mirar el marcador con bastante menos tranquilidad que unos minutos antes. De repente, el pase a la siguiente ronda ya no parecía tan seguro para los visitantes.
Toni Mallaint, entrenador del conjunto pontano, trató de frenar la reacción local con cambios tanto en los jugadores como en el planteamiento. Pero enfrente tenía a un Benidorm lanzado, con confianza, piernas y, sobre todo, una afición que empujaba como si cada ataque fuese el último.
Los benidormenses supieron gestionar su ventaja en los minutos decisivos, manteniendo diferencias de dos y tres goles y resistiendo los intentos visitantes por volver a meterse en el encuentro. Esta vez no hubo sustos de última hora ni marcha atrás: el equipo local defendió su renta hasta el pitido final y selló un espectacular 32-30.
El Palau celebró una victoria con todas las letras. De esas que valen mucho más que una clasificación, porque demuestran que el trabajo, la confianza y el empuje colectivo pueden darle la vuelta incluso a los partidos que parecen escritos de antemano.
El Servigroup Benidorm derribó al favorito, hizo saltar la sorpresa y se ganó el billete para la siguiente ronda de la Copa del Rey. Ahora toca esperar rival, recuperar fuerzas y disfrutar de una noche en la que David no solo plantó cara a Goliat: acabó mandándolo a casa.
Y eso, en una competición como la Copa, sabe especialmente bien.