Benidorm bajo las bombas

 Hola lectores de LEO RADIO, esta semana quiero hablaros de un hecho de guerra que se desarrolló en nuestra ciudad, una acción brutal tan inútil como incomprensible, pero en el que perdieron la vida dos vecinas de Benidorm, una anciana de 80 años y una niña de 7. Estábamos a dos días de acabar la guerra, el ejercito republicano ya no se defendía, no atacaba, todo estaba perdido, simplemente huía, una columna de coches llegaba desde Valencia a la desesperada para alcanzar el puerto de Alicante donde, decían, había barcos que los repatriaría lejos de la represión franquista, lo cual estaba lejos de ser realidad, lo cierto era que la armada nacional bloqueaba toda la costa levantina hasta Almería, mientras, una gran multitud se aglomeraba en el puerto de Alicante. Puede que el objetivo del avión italiano, con base en las Baleares, que bombardeó esa noche la ciudad a las 00:15, fuese cortar las comunicaciones por la costa. Y ¿para qué? la guerra estaba acabada. No sé, pero parece que no existe otra lógica, Benidorm no tenía objetivos militares, no resultaba una amenaza para ellos, de hecho, no tenía ni defensas antiaéreas, eso lo sabían bien los italianos.

  

                    La noche que el cielo cayó sobre Benidorm

            El último bombardeo con victimas de la Guerra Civil

     Las únicas instalaciones militares que tenía la ciudad, con una población de 3000 personas, eran 6 nidos de ametralladora, incapaces de repeler un ataque aéreo; una emisora de radio en el Castell; un hospital militar en la Plaza de Sant Jaume y un hospital psiquiátrico para soldados en un chalet de la playa incautado a los Domenech, una familia de alcoyanos que veraneaba en nuestra ciudad. La iglesia era un garaje para vehículos militares y su campanario, el observatorio desde donde el sacristán oteaba el horizonte con unos prismáticos al acecho de algún avión enemigo y, en caso de que éste apareciese, informaba inmediatamente por radio a Alicante (este era el moderno sistema D.E.C.A., Defensa Especial Contra Aeronaves). Estábamos salvados con tales medios. 

     Ya pasaron con anterioridad varios aviones del Duce sobre Benidorm, el 20 y 22 de agosto de 1938, en aquella primera ocasión regresaban de Alicante cuando pasaron en vuelo rasante sobre nuestra ciudad para hacer fotos y observar sus defensas, en la segunda incursión trataron de reventar la emisora de radio que había en El Canfali, pero las bombas cayeron al mar.  

     Las ciudades de la provincia más castigadas por las bombas fueron Alicante y Alcoy, también lo fue Denia, pues tenía una importante fábrica de munición instalada en una vieja factoría juguetera.

     Pasaban unos minutos de la medianoche, la luna estaba creciente sobre el cielo de la recién estrenada primavera, cuando asomó aquel avión italiano- éste se le escapó al señor sacristán-, recordemos que la Italia fascista apoyaba la causa rebelde de franco, el aparato, un modelo Saboya, traía unas cuantas peladillas para arrojar en nuestra ciudad, posiblemente, como ya hemos indicado, su objetivo fuese cortar la comunicación por carretera entre Valencia y Alicante por la costa, donde había un continuo circular de vehículos llenos de gente que buscaba la salvación. Realmente lo consiguió, pues la bomba que arrojó fue a caer en medio de la calle Marqués de Comillas, cuya ubicación era distinta a la de hoy, ya que así se llamaba entonces al actual Paseo de la Carretera, la antigua carretera de la costa, claro, la que atravesaba todo el pueblo, que quedó cubierta con los cascotes de las viviendas afectadas, la número 66 y 68, la primera era propiedad de Francisco Agulló Orts, abogado de 67 años, quien tuvo que socorrer a su hija y su mujer. Es el que mejor recuerda lo sucedido, pues estaba leyendo un libro cuando sucede. Todo ocurre muy rápido, su esposa, Ángela Berdín Fuster de 45 años y su hija Rosario Berdín Fuster de 13 que dormían juntas, ven como se hunde su cama y quedan enseguida sepultadas por las maderas y escombros de la casa, piden auxilio y su marido y los vecinos las socorren, se les ha caído encima la fachada de la casa 68 que ha reventado entera, es en ésta donde cayó la bomba de lleno, casa que era propiedad de una de las fallecidas, Ana María Roig Llorca, de 80 años, también fallece en su casa una niña de 7 años, María Sivera Orozco, por asfixia las dos, sepultadas bajo los cascotes, el padre de la niña, Bartolomé Sivera Ballester, queda en estado grave, con la mandíbula rota, y múltiples heridas, es ingresado también en la Clínica Militar nº 8, como los demás convecinos de casa, Salvador Tomás Ruiz, de 37, natural de Mahón, casado y carabinero, de pronostico leve, su mujer Concepción Mingot Cortés, de 35 años, natural de Alicante, y sus hijos, Manuel Navarro Mingot de 11 y Guillermo Navarro Mingot de 4 años, todos ellos de pronostico leve. Hay otra mujer en la casa que resulta igualmente herida, Ángela Roig Hernández, de 40 años, soltera, de profesión sus labores, natural de Cartagena, quien en su declaración afirma no recordar nada de lo sucedido, sólo que despertó en la clínica con dolores en todo su cuerpo, no obstante, sus heridas son leves. A todos los que convivían en esta casa, la más afectada, les sorprendió la bomba mientras dormían un sueño profundo, algunos fueron socorridos por los vecinos y trasladados al hospital, otros salieron de entre los escombros por sus propios medios, varios de ellos no recordaban nada de lo sucedido. Por lo visto, Ana María obtenía ingresos alojando gente en su casa, 7 personas en aquel momento, las que resultaron lesionadas.

      Todos estos datos quedaron recogidos en un sumario sobre los hechos, tomando declaración a los afectados y al médico que los atendió y, mientras el juez, D. José Llorca Zaragoza, acompañado de su secretario, D. Vicente Llorca, observaba los destrozos in situ, llamó su atención el hecho de que las puertas, que entonces eran grandes y de dos hojas para permitir el acceso a carruajes, “han sido arrancadas por completo y las otras dos reventadas hacia el exterior, por lo que se deduce que la bomba que produjo el siniestro sea de las llamadas de aire comprimido”. Este tipo de bomba fue muy utilizado en la Guerra Civil, eran realmente devastadoras cuando explotaban, creando a su derredor una expansión brutal, se las conocía popularmente como “Negrillas”. 

     Decir que el médico que atendió a las victimas y que también hizo su declaración sobre el estado de los heridos, era D. Miguel Martorell Lloret, médico titular de esta villa.

     Al día siguiente del bombardeo huyen el alcalde y concejales republicanos; a las 10 de la mañana un grupo de falangistas locales constituye una nueva corporación municipal presidida por Ángel Ruiz de Apodaca.

     Como curiosidad diré que ya nunca se edificó en el solar de la casa 68 y, cuando se hizo la Calle Almendros en tiempos del alcalde Pedro Zaragoza, aprovecharon dicho espacio para tener una salida al Paseo de la Carretera.

     Obra consultada: “Alicanteplaza10”, “Histobenidorm, el blog de la historia de Benidorm. Francisco Amillo Alegre”, “Declaraciones de los afectados recogidas por el Juez D. José Llorca Zaragoza y su secretario Vicente Llorca”

     Quiero dar las gracias especialmente a mi hermano Juan Francisco por toda la información que me ha proporcionado.

     José Rafael Moreno Amorós