Aquellos locos años UFO
Hola lectores de LEORADIO, hace tres meses, en el artículo de julio “Ovnis en el Puig Campana”, os hablaba de la era dorada de avistamientos que vivió nuestra comarca a fines de los 70 y en los 80, de hecho, quiso hacerse en nuestra ciudad una importante Convención de Ufología, aunque la cosa no prosperó, llegaban entendidos de todas partes del mundo a nuestra comarca para observar esos maravillosos platillos volantes que volaban a velocidades endiabladas, tal era el desarrollo de su avanzada tecnología, incluso expertos en estos temas aseguraban que la melladura del Puig Campana era una base de Ovnis, no faltaba, incluso, quien manifestaba entrar en contacto telepático con ellos, tanto así que éstos le dejaban mensajes proféticos de paz, concordia, y alerta a la Humanidad entera, mensajes similares a los que, en alguna aparición reconocida, nos había dejado la Virgen María.
Recientemente me contaba un amigo que tuvo un avistamiento de uno de estos aparatos siendo niño, ocurrió durante una excursión campestre, no sólo él lo vio, sino toda la clase y su profesor, el Padre Jesús, que quedó algo afectado. A mí me parece una historia sorprendente, extraña, algo herética, qué duda cabe- no nos crea Dios a todos para la misma misión-, mas tiene su punto gracioso, algo enigmático y kafkiano a la vez, porqué no.
Ahora paso a contar lo que vieron y vivieron estos inquietos muchachos durante aquel día de clase al aire libre, la sorpresa que se llevaron y como lo afrontaron. Una aventura apasionante. No olvidéis que en el momento más inesperado puede pasarnos a cualquiera de nosotros, así que abrid la mente amigos y preparaos para vivir una experiencia en la 3ª fase.
Una extraña nave triangular sobre la loma
Esto ocurrió una tarde de primavera del año 1978, cuando nuestro amigo José tenía 9 años y estudiaba 4º de EGB en el Colegio San Roque de Polop. El Padre Jesús, cura y profesor de religión de los muchachos, viendo que hacía buena tarde decidió dar su clase al aire libre, así estarían más cerca de la naturaleza y la obra de Dios. A los chicos les gustaba salir de aquella aburrida clase, andar por los campos y sendas, respirar aire puro, abrir los pulmones, expandir el alma, era como hacer novillos. Pasearon junto al riachuelo que pasa por aquel pequeño valle que hay entre La Nucia y Polop, Don Jesús les contaba historias, anécdotas de la zona, mirad aquí, mirad allí, les explicaba cosas sobre cada árbol, acerca de ciertos arbustos, matojos y plantas, sobre sus propiedades, también hablaba de los insectos, de aquella pequeña fauna y de las piedras, si éstas eran magmáticas, aglomeradas o sedimentarias, les preguntaba sobre todo aquello. “A ver Luis, ¿qué árbol es éste?” “¿¿¿Alcornoque??? Tú sí eres un alcornoque, tros de suro”, “¿alguien sabría decírmelo?”. Luego, para asociar o dar un significado a todo aquello les preguntó a los chicos qué dónde veían a Dios en toda aquella obra. Aquellos, zascandileando, evitaban su mirada, se empujaban unos a otros huyendo del padre. Llegó la hora de regresar, y cuando comenzaban a subir aquel trecho de camino que asciende al pueblo vieron como el cura se volvía para observar que su rebaño no se desmandase y algo vio en el cielo, a espaldas de los muchachos, que lo dejó helado: “¡Ay Dios mío!”, todos se volvieron entonces para ver aquel enorme y sorprendente aparato que se hallaba frente a ellos, sobre un pequeño monte que allí hay, a unos 300 metros escasos: quedaron absortos, boquiabiertos, igual que el Padre Jesús, quien se persignaba ensimismado: “¡Ay Dios mío!” “¡Ay Dios mío!” “¡Virgen Santísima, ampáranos!”. Aquella nave, enorme como un estadio de futbol, no tenía forma de plato o platillo, era triangular como una gran porción de queso, mi amigo José recuerda que en medio de su panza tenía una ventana redonda que se dividía en cuatro partes exactas y que bajaba en aquel mismo momento hasta la loma, dentro de una de aquellas fracciones brillaba una luz fuerte, era transparente, y dentro se veía a aquellos extraños seres moviéndose, seguro que desde allí les observaban a ellos también, pensó mi amigo. La nave se mantuvo unos minutos sobre el cerro, minutos largos, eternos, después se dedicó a recoger aquel apéndice circular que ascendió hasta la nave, a continuación, ésta osciló levemente para desaparecer después entre las nubes con una velocidad endiablada, como la luz, la luz del sol, la luz eléctrica, la p luz.
Para ellos sólo quedó aquella imagen
Regresaron al colegio en medio de gran nerviosismo, Don Jesús ahora dudaba si aquella había sido una buena idea, estaba impresionado, los niños triscaban a su alrededor haciéndole preguntas, preguntas que él no sabía contestar. Luego se paró en seco y dijo enfrentándose a ellos: “No lo sé muchachos, pero esa cosa no es de este mundo. Y ahora regresemos al colegio”.
Cuando salieron del cole corrieron hacía el monte sobre el que se mantuvo aquel extraño Ovni, intrigados por lo que habían visto, se preguntaban por las intenciones de los extraterrestres: ¿cómo serían?, ¿qué querían de nosotros?, ¿qué comerían en su planeta?, ¿tendrían Coca-cola?, ¿bollicaos?, ¿también iban al cole?, ¿les ponían deberes? Subieron hasta la cima, un viento ligero y húmedo zumbaba a su alrededor, lo que vieron allí les sorprendió mucho, una gran peladura redonda y limpia había quedado sobre el monte, como si la hubiesen barrido de una vez, una gran calva que miraba al cielo compungida, alrededor de ésta todos aquellos matojos y arbustos habían quedado chamuscados, no había ningún árbol, la vegetación estaba abrasada, había estado expuesta a un gran calor, incluso las piedras y tierras se hallaban calcinadas. Los niños se miraban con cierta curiosidad a la vez que alarma, pensando que bien podría haberse posado aquella nave un ratito sobre el cole.
Recemos una plegaria por nuestros hermanos extraterrestres
Desde que mi amigo José me contó aquella sorprendente experiencia una imagen me ronda la cabeza, la del Padre Jesús ante aquella visión dantesca que, para él, parecía ser la del juicio final, pues quedó estupefacto mientras se hacía cruces: “¡Ay Dios mío! ¡Ay Dios mío! ¡Virgen Santísima ampáranos!”.
Cómo me hubiese gustado haber visto aquel Ovni, así como la cara del Padre Jesús.
No todos los vecinos de ambas poblaciones pudieron ver el Ovni, pero muchos de ellos sintieron el temblor de tierra en aquel momento. No se habló de otra cosa en los días siguientes
No dejéis de observar el cielo queridos amigos, todavía puede aparecer alguna de aquellas extrañas naves, nunca se sabe, hace tanto tiempo que no se las ve, un amigo me dijo en cierta ocasión que si ya no vuelven es porque no les gustó lo que aquí vieron, quién sabe
Buen fin de semana amigos
José Rafael Moreno Amorós