4° Dia del Camino de Santiago desde Benidorm. Montealegre - Chinchilla 48 kilómetros en 9 h y 30 min.
Empieza un nuevo día y observo desde arriba al peregrino como la ECM se observa así misma. Tiene otro humor, no se hace preguntas. Cada día suena antes su despertador, pero empieza a notar en su cuerpo y en su estado de ánimo dos noches de descanso real. Quiere pensar que su cansancio imprevisto viene de ahí. Tiene toda una jornada para comprobarlo, porque este cuarto día de Camino es largo. Parar en Petrola, a 26 kilómetros, no entra dentro de sus planes. Todavía le lleva ventaja a su media establecida y eso lo cuida tanto como su economía, donde también vence por 27 euros contra sus propias normas.
Cosas del Camino. Quiere sentirlo de verdad. ¿Qué es eso de que te lleven la mochila, dormir en un hotel o comer cada dia en un restaurante?. Lo puede hacer como tú mismo, ¿verdad?, pero no deberíamos entonces llamar a eso Peregrinación, sino escapada de lujo sin alma ni pasión.
El aura empieza a socavar las capas de miseria en busca de la luz. Y empieza a conseguirlo. El Peregrino se levanta antes en Montealegre que en Caudete y Onil. Incluso se da más prisa. Está ágil, la alegría interior hace mucho. Todo le va bien, se lo ha trabajado durante un intenso año. Está todo en su sitio y ese es uno de los motivos por los que quiere rendir honores al Apóstol. Es de bien nacido ser agradecido.
Son las 4 y 40 de la madrugada. Doble capa de nuevo, esta noche además con bao. El Camino coge sendero de tierra de inmediato, noche cerrada porque la inesperada luna llena, es ahora rojiza y empieza su descenso. Son muchos kilómetros hasta el objetivo y no hay que esperar la esclavitud del justiciero sol. Empieza a caminar con menos incertidumbre que el día anterior, ni siquiera escucha nada en su móvil porque no quiere gastar batería. El wikilok le vuelve a salvar, pero tiene que durar muchas horas. El Camino también es penitencia e introspección. El del Sureste está señalizado, pero nada que ver con el francés. La noche lo volvería loco.
La noche está muy acompañada por el fantasmal silencio. Sólo se interrumpe por unos ladridos que cada vez suenan más cerca. Toca ponerse en guardia. Apaga su luz y no ve nada, pero tampoco le ven. Se presenta la niebla para sumar su misterio al complejo momento. Los kilómetros avanzan y la madrugada crece por su espalda. Hace frío pero ya ve el Camino que pisa. El paisaje ha cambiado. Los verdes intensos se mezclan con los prados amarillos. Los primeros girasoles se vuelven para saludarlo. Serpentea la ruta mientras asciendo un cerro. Los molinos gigantes estropean el paisaje, ¡que lástima que no vuelva Don Quijote a derribarlos!. No le gustaría ver así su amada Castilla.
Y sin avisar, enfila el Peregrino la recta más larga de todos los Caminos. Supone que alguna vez llegará a Pétrola, allá en lontananza. No hay ninguna nave del Misterio.
Tanto en la niebla como en la recta, imagina los caballos del Apocalipsis acercándose al galope. Fluye su imaginación, empieza la desconexión, se acerca la Magia del Camino.
Y por fin en Pétrola, lugar de fonda pero donde apenas se detiene. Sabe lo que le queda. Y tiene suerte, porque un café intenso con miel lo revitaliza como no recordaba. En busca de Chinchilla a través de las gigantes pero secas lagunas que le rodean. Se ve fuerte, pero se reta a mirarse dentro de dos horas, que ya serán siete desde que cerró la puerta del albergue en Montsalegre.
Y no se equivocaba. La experiencia es un grado. Horas viendo el castillo de Chinchilla desde la lejanía al que no parece llegar nunca. Interminable y suniosa la capitulación del destino. La amabilidad que recibe en el ayuntamiento lo compensa. La maravilla de albergue, de nuevo sólo para él, borra cualquier atisbo de duda.
182 kilómetros en 4 jornadas. Ni un alma peregrina en el trayecto. Mañana será otro día. Me dice el Peregrino que si llega al destino, me lo contará para que os lo escriba. Que ni sabe ni quiere grabae vídeos. Que prefiere retaros para que trabaje y sueñe vuestra imaginación. Y que os agradece todo lo que le decís en cada mensaje. Son la dosis de fuerza perfecta para continuar. Queda dicho.
Buen Camino.