3er. Día del Camino del Sureste. Benidorm - Santiago de Compostela. Caudete - Montealegre 36 kilómetros - 8 horas

¿Realmente que estoy buscando?. ¿Hago el Camino porque quiero ver y pedir algo al apóstol, porque son unas vacaciones diferentes, porque quiero impresionar a alguien con mi esfuerzo?. No esperes que mienta. Sinceramente, no lo sé. Siempre me han gustado las historias del Camino de Santiago. Su magia circulando alrededor del Misterio, su cercanía con la niebla, la lluvia, los paisajes gallegos. Imagino a La Santa Compaña apareciéndose en mi ruta. Atrapándome en mitad de cualquier noche en cualquier albergue de cualquier aldea perdida. Y sólo con eso soy feliz.
El Misterio es mi otro mundo, el que de verdad me hace sentir que la vida tiene un sentido que va más allá de lo establecido. La segunda parte del partido es para apretar y poner en juego lo aprendido. Esto se acaba, y no me preocupa, pero me estorba que todo siga un curso establecido intentando retenerme contra mi voluntad. Cada vez me cuesta menos entender al ermitaño.
¿Hago entonces el Camino por esto?. Quizás sí. Es la forma de revelarme contra mí mismo. Necesito sentir que sé salir de lo marcado para crear mi propio Camino. Andar hacia ningún sitio en busca de la efímera felicidad, convencido que puedo convertirla en eterna. No es nada fácil.
¡Ahí hay un hombre que dice ay!. Podemos ser cualquiera de nosotros, si al volver la vista atrás vemos que ya es tarde para muchas cosas. Reflexiono, como entiendo deberíamos hacer todos. Me revelo y por eso... ¿camino sin rumbo?. Santiago de Compostela es sólo la excusa. Sólo me busco a mí mismo. Encontrar y esculpir lo que quiero ser, sin renunciar a lo que he sido.
Sólo cuando las imágenes, las sensaciones, los momentos de debilidad, los sentimientos que luchan entre sí... sólo cuando todo eso fluye en mi mente, aturdido por el pavoroso silencio de la noche mientras hago kilómetros sin encontrar muy bien el sentido, me es posible filosofar dando sentido a las cosas.
Llegué a Caudete preocupado y aun continúo así. ¿Porqué?. No consigo entender porque estoy tan cansado. Quiero pensar que es fruto de la colosal paliza del primer día y no poder dormir después en un suelo imposible.
Pise el albergue provisional de Santa Ana de Caudete después de 35 kilómetros y 8 horas, algo parecido a lo de hoy, con cama y ducha ya en el albergue de Montealegre al que he llegado con 36 kilómetros y algo menos de tiempo que ayer. Pero demasiado cansado. Gracias a Joaquín y Mercedes ayer, y Manuela hoy. Cuanto quiere esta mujer a Benidorm, está en sus mejores recuerdos...
¿Será el penitente sol o que me hago mayor?. Busco la Magia del Camino sin querer entender que aparecerá cuando quiera. Escribo estas líneas de nuevo a solas, con la foto de mis Padres delante. Ni un alma peregrina en estos tres días con sus primeros 134 kilómetros. No pasa nada. Me siento más acompañado que nunca. Hasta para escribir hay que darse tiempo. Si varia lo que llevas en mente en apenas unas horas, imagina lo que habrá cambiado mi forma de pensar en casi cuatro décadas. Me ha emocionado leer algunos de los comentarios en Facebook. No, yo no he cambiado, es el recorrido vital el que nos transforma y el Camino tiene algo de culpa, aunque en eso soy un inexperto. Es mi segunda peregrinación y tampoco quiero que se convierta en algo sin alma.
Lo hice el año pasado y disfruté la ruta como el que cruza España para poder contarlo. El episodio de Mansilla lo cambió todo. Vuelvo ahora con ambos objetivos. Atravesar España saliendo desde el Mediterráneo, desde la puerta de mi casa y volver a ver a mis padres cuando más los necesite, antes de llegar al Océano Atlántico. Eso mágico momento no ha llegado, pero están ahí. Escucho a mi madre en mis momentos de flaqueza. No me permite que duren mucho.
Suena el reloj a las 4.30 h, doble manga por el fresco que hace, ni un alma por las calles de Caudete, luz frontal para solapar el misterio que me rodea, incertidumbre ante las decenas de ojos brillantes que veo por todos lados. Es normal que las dudas surjan. Y el aviso de que no hay absolutamente nada hasta Montealegre, como así fue. Lo sufre mi espalda, con 4 litros de más. Quizás esté respondiéndome sin saberlo. Que pasada es esto de escribir ¿verdad?, contesta mis dudas.
Entré ayer en Castilla La Mancha como es cierto que salí desde Finestrat, me lo recordó Nati, su alcaldesa. Y hoy he pisado la región de Murcia por Yecla, para estar de nuevo en Albacete. El sol ha salido antes que otros días, pero el calor me ha respetado hasta las 10 de la mañana.
La sorpresa del día me ha recordado al espejismo de un desierto. Literalmente asado he visto una piscina en mitad de un campo de melocotones, manzanas y peras. No lo he pensado, si viene la Guardia Civil que al menos me detengan fresquito. Menudo baño me he dado, dejando fuera solo gafas y zapatillas, y que rica la fruta. Gracias a quien corresponda. Acabo de comer en Casa Alfonso y ya me esperan mañana en Chinchilla. Son casi 45 kilómetros. Me apetece seguir escribiendo, me relaja y aprendo. Algunos me decís que estos relatos se hacen cortos, otros que vaya parrafada. En fin, la vida en sí misma. Si mañana llego, os lo cuento.