Shakira y Robert, los nuevos héroes del saqueado pueblo

Vuelvo ilusionado. Mi rutina poco tiene que ver con la de otros. Me gusta tanto ponerme delante de un micrófono, escribir un artículo o conversar con mis clientes, que sería injusto catalogar este principio como un sacrificado trabajo, aunque lo sea. Hacer el Camino de Santiago, objetivo al que he dedicado mi tiempo de ocio, que no de vacaciones, si por ello se entiende estirarse en una hamaca durante horas leyendo un libro o contemplando las nubes, como diría alguno de esos políticos que tanto han sonado en los últimos meses, no han sido precisamente semanas de relax. 
Recorrer España, real resultado de tan ferviente caminata, permite muchas reflexiones en tan ingente cantidad de horas de trasiego. Exponerlas todas con acierto me encumbraría al más alter ego de los afamados del apóstol. No aspiro a tanto. Además, como vulgar junta-letras que soy, si me lees es porque algo me ha inspirado, necesidad vital del aspirante que no del consagrado al antiguo tecleo de la Olivetti. En este caso han sido varios nombres y conceptos: el propio Camino, Sakira, el abogado holandés Robert Amsterdan y un interesante titular acerca del hartazgo de los españoles para con los impuestos. Menuda combinación, ¿verdad?.
Sí, ya sé que si hablamos de cansancio social, podríamos escribir un libro. Pero no lo leerías, seamos sinceros. Una de las principales herramientas que utilizan quienes nos utilizan, es ese. Han conseguido institucionalizar la idiotez. Las nuevas generaciones ya no leen y les interesa una mierda lo que cuentan los informativos de radio y televisión. Algo de razón tienen, pero apartarse de la realidad nunca va a ser la solución para enderezar el rumbo. En este terreno, cuasi perdido también, la lucha es entre los nuevos David y el poderoso Goliat. Ojalá fuera capaz de vislumbrar un final similar al mitológico, pero de momento no percibo su arribada en lontananza.
Los españoles somos muy de fijarnos en el resultado de esas batallas que emprenden otros en nuestro nombre porque, a sabiendas de que se nos hacen inalcanzables, no nos queda otro horizonte que observar. Ver como Sakira, la más reciente, u otros como Xabi Alonso, algo más olvidado, han sido capaces de vencer a la Hacienda Goliat, nos inspira, nos permite retomar con fuerza nuestros cabreos de barra de bar y nuestras subidas de tono en la comida familiar. Y eso está muy bien. Hace tiempo que vengo siguiendo al abogado holandés Robert Amsterdan, que tiene 500 demandas presentadas contra Hacienda y cataloga a la agencia tributaria como lo que es, una máquina dictatorial que abusa de su poder a sabiendas de que tiene el beneplácito de quienes la protegen porque en el resultado de sus acciones van sus propios intereses. Primero te ataca pagando los gastos del pleito con tu propio dinero y segundo porque si pierde, de nuevo pierdes tú, porque  Hacienda somos todos. 
Os presento a estos dos nuevos héroes sin capa: Sakira por su tenacidad, valor y constancia, y Robert por llevar adelante los sueños de media España. Hacienda no somos todos, son una adiestrada cuadrilla de ladrones y usureros que han dado la vuelta al concepto de Robin Hood con el que todos crecimos. Ahora es el rico el que roba a los pobres.
Decía todo esto, no sé si todavía me sigues, por dos motivos. Recorrer España caminando, del Mar Mediterráneo al Océano Atlántico y durante casi un mes, me ha permitido descubrir en primera persona algo que sólo conocía de oídas. España es un país muy grande, de notable y arraigada personalidad. Si se revela menos contra toda esta ignominia, no es porque pase o esté dormida, es más sencillo de explicar, todavía no le han tocado la fibra de manera realmente sensible. Puede sonar a chifla con la que está cayendo, pero sólo tienen que comprobarlo. El día que España despierte, cansada de verdad de que le tomen el pelo o le toquen en demasía sus partes, el mamoneo de este gobierno o cualquiera que se atreva con la afrenta, dura cinco minutos. Créanme. 
Este Gobierno de perturbados que padecemos lo sabe, es la oposición quien lo desconoce. Por eso hace años que actúan con impunidad, cabreando a casi todo el mundo pero adormeciendo a quienes les pueden complicar su propia subsistencia. La juventud. Atontándola, amaestrándola, conduciéndola por el camino de la subvención, la ayuda, la paguita, y lo que les haga falta para que sigan por el doble camino de no prestar atención a lo que sucede a su alrededor aunque sean los principales perjudicados, y facilitando que incrementen su atontamiento vía redes sociales y nuevas tecnologías, hasta conseguir lo que profesaba Stalin: despeluchar la gallina de manera tan salvaje que termine acudiendo a la mano de su verdugo para comer el pienso que le ofrece.
Leo con notable interés, aunque la noticia vuelva a estar en la página 25 del diario, que el 38% de los jóvenes ya creen que viviría mejor si no hubiera impuestos. Me encanta. La pena es que pasamos del negro al blanco saltando la escala de grises. Es lo que sucede cuando no paran de golpearte el hígado. Cuando falta la respiración no encuentras espacios para el diálogo. No contemplo la posibilidad de supervivencia en una sociedad democrática sin que se paguen impuestos. Ahora bien, el robo a mano armada, la confiscación fiscal, el Robin Hood a la inversa, la gallina desplumada... La situación que se vive hoy en España se pasa de castaño oscuro, y es obvio que por algún lado tiene que reventar la olla. El agua hierve a una temperatura insoportable.
No todos somos Sakira aunque nos traten igual. No todos tenemos el valor de Robert Amsterdam, al que desde aquí pido que le aplaudan porque nos está defendiendo a todos. Pero todos unidos somos esa España de la que hablaba. Que sigue a lo suyo, lo confirmo porque lo he comprobado. Solidaria con el que Camina, preocupada por lo que importa, ciertamente hastiada, pero sin tocar techo de momento. Que la juventud sea la que empieza a poner el grito en el cielo, es la noticia del mes, por encima incluso del problemón de Ceuta que, siendo grave, no es más que la interesada serpiente del verano que ha utilizado el mago Sánchez, para ir preparando el terreno de lo que circula por su narcisista mente en año electoral.  
La agencia tributaria y Hacienda actúan como una verdadera dictadura. Te cobran lo que dicen que les debes antes de respirar, pero tardan años en devolverte lo que saben que es tuyo. Los impuestos son necesarios para el funcionamiento de un país, pero hace tiempo que dejamos de ser gilipollas por naturaleza. Los sueldos que sobrepasan los 100, 150 y 200 mil euros al mes se multiplican por miles de cargos públicos. Eso hace mucha pupa en el deteriorado bolsillo del empleado y el autónomo que ve como avanza la vida, sigue trabajando a diario pero no tiene ni para pagarse el alquiler de una habitación. La bomba de relojería avanza inexorablemente.