Una noche de pesadilla en Pontevedra: los fantasmas de Halloween vuelven a perseguir al Servigroup Benidorm

Si había una noche para pasar miedo, era esta. En plena víspera de Halloween, el Balonmano Servigroup Benidorm se adentró en territorio gallego para acabar viviendo una auténtica película de terror. Y no precisamente de las que terminan bien. Los viejos fantasmas volvieron a aparecer sobre la pista: errores en ataque, lanzamientos sin premio y demasiadas concesiones a un Quireza Events Cisne que no necesitó sacar su lado más monstruoso para hacerse con el control del encuentro.

Desde los primeros compases, los alicantinos parecían caminar por un pasillo oscuro sin encontrar la salida. El equipo no conseguía sentirse cómodo, acumulaba imprecisiones y cada gol parecía costar un mundo. Mientras tanto, el conjunto gallego iba haciendo su partido, con un Didac Talens especialmente inspirado, que se convirtió en la auténtica pesadilla de la defensa benidormense. Cada aparición suya era un nuevo susto para los visitantes.

Mediada la primera parte, con el marcador señalando ya cuatro goles de desventaja, Alejandro Cutanda decidió pedir tiempo muerto para intentar exorcizar los males de su equipo y cambiar el rumbo del encuentro. Durante un par de defensas y otros tantos ataques pareció que el conjuro funcionaba. El Benidorm daba señales de vida y parecía encontrar algo de luz al final del túnel.

Pero, como suele ocurrir en las buenas películas de terror, aquello no fue más que una falsa alarma. La oscuridad volvió a apoderarse del ataque alicantino, la portería rival parecía tener un hechizo protector y el Cisne aprovechó para volver a poner tierra de por medio. Al descanso, un 14-10 que dejaba a los benidormenses con mucho trabajo por delante si querían evitar que la noche acabara en tragedia deportiva.

La segunda parte: algunos zombies y un susto para el equipo local

La reanudación no trajo precisamente la resurrección que necesitaba el Servigroup Benidorm. Los alicantinos seguían mostrando su versión más zombie, sin encontrar su juego ni la manera de inquietar a un Cisne que parecía tener la situación bajo control. Los minutos pasaban y los fantasmas de la primera parte seguían campando a sus anchas por la pista.

Pero cuando parecía que el desenlace estaba escrito y que tocaba preparar las calabazas para la vuelta a casa, llegó el primer gran susto para los locales. A falta de quince minutos, el Benidorm encontró sus mejores momentos gracias a una defensa más abierta, que empezó a incomodar los ataques gallegos y permitió recuperar balones para salir con mayor velocidad.

El Cisne también atravesó sus peores minutos y los alicantinos aprovecharon la ocasión para acercarse peligrosamente en el marcador. La diferencia fue menguando hasta quedarse en tan solo un gol. De repente, los fantasmas cambiaron de bando y el pabellón gallego empezó a oler a posible remontada. ¡Ahora sí que había partido!

Pero cuando todo apuntaba a un desenlace de infarto, apareció de nuevo el viejo fantasma de los errores. Una pérdida de balón tan absurda como inoportuna, justo después de un saque de centro, terminó siendo prácticamente el machetazo definitivo a las esperanzas benidormenses. El Cisne no necesitó más invitaciones y aprovechó el regalo para cerrar una victoria que, por lo visto durante cincuenta minutos, había sido suya con todo merecimiento.

El 29-26 final certificaba una derrota que deja un sabor amargo, especialmente por la reacción de los últimos minutos, que demostró que el Benidorm tenía argumentos para competir mucho mejor de lo que había mostrado hasta entonces.