Una jornada completa de cine en Benidorm: del pitch de la mañana a la pantalla de la noche

Seis minutos. Ese es el tiempo que tenía cada guionista el pasado 22 de abril en el Salón Tardor del Hotel Benidorm Plaza para defender su proyecto ante el jurado del Shortpitch de Skyline. Al sonar la campana, cuatro minutos más de preguntas. Diez en total para decidir si una historia merece seguir adelante. Ocho proyectos finalistas lo intentaron en la sesión PRISMA Industria del Festival de Cine de Benidorm, con una condición que no está en muchos otros certámenes: el proyecto ganador tendrá la obligación de rodar al menos el 50% de la obra en Benidorm.

El jurado estuvo compuesto por Macu Esteve (Benidorm Film Office), BBO —empresa de subtitulado incluida como parte del premio—, Dolores Gutiérrez en representación del cine evento online, la directora de La hora escrita, ganadora de la edición anterior, y Cuauhtémoc Cárdenas, vicepresidente del Festival Internacional de Cine de Morelia.

Los ocho proyectos que pasaron por el estrado son trabajos en construcción, y eso impone una reserva: sus argumentos pertenecen todavía a sus autores y autoras. Pero sí se puede hablar de texturas: memoria del fútbol femenino con animación 2D, el último hombre bala que queda en España, un autobús que pierde el mundo conocido a mitad de trayecto, una pareja que no sabe si lo que recuerda es lo que pasó, una paranoia filmada con lentes que tuercen la realidad, el deseo adolescente alrededor de una piscina, y una maleta como sinónimo de hogar. Ocho proyectos que no se parecen entre sí en casi nada, que es exactamente lo que debería pedir un Shortpitch.

Tras la sesión de pitching, los finalistas se reunieron con productores invitados al festival en encuentros one-to-one. El formato, concentrado y sin margen para el relleno, es uno de los activos más claros de PRISMA como espacio de industria dentro de Skyline.

El II Altafulla International Film Festival, también en Benidorm

La mañana del 22 de abril dejó además tiempo para que Sonia Bautista-Alarcón, codirectora del Altafulla International Film Festival junto a Gorka Lasaosa y Carles Francino, presentara la segunda edición de su festival, que se celebrará del 4 al 10 de mayo en Altafulla. Un festival boutique —así lo definieron sus propios creadores— que cuida cada detalle y que ha encontrado en Skyline un aliado natural: el año pasado, el guión ganador de su concurso Hydra llegó a la selección final del certamen benidormense. Elegir Benidorm para presentarse es también una forma de devolver el gesto.

El ganador y una mención que emociona

Esa misma tarde, a las 18:00 horas en la Fundación Mediterráneo, el jurado desveló el nombre del ganador: Mi casa en una maleta, de Andrea Torres, producido por Sara Jiménez. Pero la jornada guardaba un segundo gesto que no pasó desapercibido: una mención honorífica al proyecto Kubalita, el documental sobre Carmen Arce, la primera portera de la selección española femenina de fútbol, dirigido por Sonia Bautista-Alarcón.

Justo al terminar las presentaciones de los pitches, tuvimos la oportunidad de hablar con Carmen, quien resumió con una imagen muy precisa el estado actual del fútbol femenino: "Ha tenido un crecimiento de adolescente. Están creciéndole partes como los brazos, pero hay otras partes del cuerpo que están todavía muy regulares." Cincuenta y cinco años después de su primer partido, su historia sigue siendo necesaria. Que el jurado de Skyline lo reconociera con una mención no es un detalle menor.

La noche: cuando el proyecto se convierte en película

Si la mañana fue el momento de las ideas, la noche fue el momento de verlas hechas realidad. A las 20:00 horas, en la misma Fundación Mediterráneo, la sesión de proyecciones trajo a la pantalla La hora escrita, el proyecto ganador de la edición anterior del Shortpitch, y junto a ella el cortometraje Candy Bar. Para los asistentes que habían estado en la sesión de pitching de la mañana, ver en pantalla lo que el año pasado fue solo una propuesta tiene un peso particular. Eso es lo que Benidorm está construyendo con Skyline: una cadena que va de la idea a la sala de cine, con el territorio como protagonista.

La hora escrita reconstruye uno de los episodios más silenciados de la Guerra Civil española: la Desbandá, la huida de la población civil desde Málaga cuando la ciudad fue tomada por las tropas franquistas en febrero de 1937. Rodado en blanco y negro, sus creadores explicaron que de aquel acontecimiento apenas quedan fotografías, y que eso pesó mucho a la hora de pensar cómo contar la historia visualmente. El rodaje se llevó a cabo en exteriores del área de Benidorm, recreando el invierno de 1937 con muchos figurantes —algunos de los cuales nos acompañaron esa misma noche en la sala— que aguantaron cuarenta grados de temperatura vestidos de época. Trabajaron también con explosivos controlados, de tierra comprimida y con niveles de decibelios muy específicos, para recrear las escenas de acción. El primer explosivo detonó y treinta segundos después apareció un helicóptero en el horizonte, seguido de un coche de la Guardia Civil. La anécdota arrancó las risas de la sala, pero ilustra bien el nivel de producción al que llegó un proyecto que nació como un pitch de seis minutos en este mismo festival.

Candy Bar trajo una historia de otro registro: Carol, tercera generación de una familia de vendedores de algodón de azúcar, intenta salirse del bucle de una tradición que la define pero que ya no la contiene. El propio algodón de azúcar —ese monstruo de fibras que se construye y se deshace— funciona en pantalla como metáfora de todo lo que quería decir. Carol no solo protagoniza el corto: es ella quien lo maneja en pantalla, porque nadie más sabe hacerlo. Ese detalle, que podría parecer una nota técnica, es en realidad el corazón de la película.

Pronto veremos esos cortos en pantalla, igual que vimos anoche La hora escrita.