Un Nadal guerrero conquista su 12º entorchado en Barcelona

"Stefanos (Tsitsipas) viene de ganar Montecarlo sin perder un set y aquí tampoco lo ha hecho. Es el mejor Tsitsipas que he visto. Necesitaré estar a mi cien por cien porque él estará bien seguro. Por mi parte, he ido dando pasos adelante todo el torneo, pero no sé si serán suficientes. Espero estar listo", confesó Rafael Nadal en la previa de la final del Torneo Conde de Godó que se ha celebrado este domingo en el Real Club de Tenis Barcelona. El legendario zurdo no las tenía todas consigo, sabedor del favoritismo del tenista griego.

El punto de forma del competidor heleno, cinco mejor jugador del planeta, se había llevado por delante en las rondas previas a cuatro perlas llamadas a tomar el relevo generacional -Juame Munar, Álex de Miñaur, Félix Auger-Aliassime y Jannik Sinner-. En paralelo, el manacorí hubo de batallar por encontrar sensaciones después de un largo parón por los problemas en la espalda que le sacaron de la dinámica allá en febrero, durante el Abierto de Australia.

El mejor deportista español de la historia sufrió para vencer a Iliá Ivashka y a Kei Nishikori en las dos primeras rondas, mientras que aceleró para apear a Cameron Norrie y a Pablo Carreño en cuartos de final y semifinales. Con todo, el isleño había dejado claro que en su estreno en la temporada de tierra batida no buscaba más que rodaje y aumentar su estabilidad en la máxima exigencia, tras una indigesta y dilatada ausencia de la competición. Se trababa, para él, de crecer y evolucionar desde el plano físico de cara al abordaje del enésimo título de Roland Garros.

Sin embargo, por el camino se descubrió con la oportunidad de levantar su decimosegundo entorchado en el Godó. Y no iba a desaprovechar la ocasión. Eso sí, tardó en calentar y Tsitsipas le golpeó con contundencia. El ateniense de 22 años alzó el telón con un ritmo disparatado. Amontonó ángulos y latigazos venenosos hasta arrancar un break y colocarse con un 1-3 precoz -con dos juegos en blanco, al saque y al resto-. Forzó a Nadal a despertar con celeridad y remangarse. Y el isleño alcanzó a localizar soluciones, variando la altura de las bolas que enviaba y exhibiendo su afamada defensa y oficio.

En consecuencia, el número tres del ránking de la ATP equilibró la relación de fuerzas, recuperando la rotura y empatando. No sólo eso: contaminó de dudas la fluidez que había mostrado su rival y despegó. Sumaría cuatro juegos consecutivos para cerrar el primer set (6-4, en 57 minutos) y adelantarse en la segunda manga. En cambio, Stefanos no tiraría la toalla y reaccionó con jerarquía, recobrando la potencia de golpeo y dibujando otra escapada hasta fijar otro 1-3 descriptivo -break mediante-.

Con el viento en contra, de nuevo, Nadal lució aplomo, confianza y lucidez para leer lo que necesitaba y aplicar la receta. Una rotura le hizo aterrizar en un 3-3 que presionó al griego. En el tramo clave de la prueba, Rafael apretó su empuñadura y se adelantó. Mas Tsitsipas respondió, redundando en la altura del encuentro. Con la tensión copando la atmósfera del recinto catalán, el emblema español se dispuso a restar para dar carpetazo a la jornada (5-4) pero no hizo descarrilar al aspirante juvenil. El ateniense se aferró a su garra y clase para anular dos pelotas de partido y dar la vuelta a un 4-2 en el tie-break (6-7, una hora y 24 minutos).

Sobrevolaba el recuerdo de la remontada que Stefanos le asestó al manacorí en el Grand Slam aussie. Mas brotó la dureza mental, resistencia y calidad del zurdo. Complicando la gestión del servicio oponente y firmando tres saques en blanco. Aguantaría, con épica, un guerrero heleno que supo mezclar su paleta de juego. Así, con el público en pie por los chispazos de excelencia que se repartían los jugadores, y un 4-5 comprimido en el electrónico, se detonó el punto de inflexión. Se vaciarían del todo los competidores, en un derroche valiente formidable, y Nadal marró una volea sencilla pero salvó una bola de campeonato. Y amortizó los errores de la versión más agresiva del griego, autografiando un break para dar carpetazo al brillante encuentro (7-5, una hora y 12 minutos). Sigue sin perder una final en la Ciudad Condal -la primera corresponde a 2005-.

En sala de prensa, agotado y tras darse el tradicional chapuzón en la piscina de las instalaciones, el poseedor de 20 Grand Slams compartió sus sensaciones. "Es una victoria importante para mí. Primero, porque es un torneo histórico en nuestro circuito, en mi club y que además lo he visto desde pequeño. Es el momento perfecto para ganar el primer título. Esta semana me ayuda a encarar lo que viene con una mentalidad positiva", avanzó. Y señaló que "decantaron la balanza uno o dos puntos. Fui por delante, pero tuve errores e incluso él tuvo una bola de partido".

"El tercer set tuvo mucho nivel. Fue emocionante, se luchó al máximo. Partidos como este ayudan a mejorar. Es una victoria emotiva, volver a ganar en el Godó significa mucho", analizó antes de confesar que "necesito dar un paso adelante y esta victoria me puede ayudar". Se despediría después de desglosar sus pensamientos así: "Intento no mirar para atrás. Uno no se puede despistar en esta temporada y autocomplacerte con los títulos. Cuando acabas la carrera es cuando miras el pasado. Estoy agradecido a la vida y muy satisfecho, pero vivimos del presente. Y quiero estar preparado para ello y para el futuro inmediato. Es increíble todo lo que he logrado, pero intento disfrutar y seguir esforzándome".