Toni Pérez: “Cogí esta ciudad en 2015 con un 24% de paro y 115 millones de euros de deuda, hoy es el 8% y saneada”
Se da en Benidorm y en estos momentos una realidad compleja, casi diría paralela, como las vías del tren, ambas se ven, se sienten, casi se persiguen, pero nunca se tocan. Cada vía, cada una de esas realidades, tiene vida propia. Podríamos hacer la prueba a través de un simple experimento, consistiría en coger a dos turistas y proponerles que uno de ellos disfrute de la ciudad durante una semana sin leer ni escuchar nada y sin entrar en redes sociales. Al otro le diríamos lo contrario, lo encerraríamos en una habitación durante ese mismo periodo de tiempo y que su único contacto con el exterior fuese a través de lo que ve, escucha y lee en medios y redes sociales de la localidad.
Estoy convencido que el resultado sería algo así: el primero diría que ha pasado una de las mejores semanas de su vida disfrutando de una ciudad abierta, soleada, donde ha disfrutado y comido bien y a buen precio, y el otro nos haría un esquema de Benidorm como la ciudad donde habitan unos malvados políticos cuyo único objetivo es llevarla al desastre y la quiebra.
Y verán ustedes, en mi opinión es que ni tanto ni tan calvo. Seguro que el primero ha disfrutado de su tiempo de ocio sin fijarse su mirada en detalle y complejidades que son normales en cualquier ciudad donde se concentran más de 400.000 personas en verano, y el segundo ha llegado a esa conclusión porque, para nuestra colectiva desgracia, hemos entrado en ese periodo pre-electoral en el que a algunos les conviene ofrecer esa tremebunda imagen de la ciudad en la que viven con el único objetivo de arrimar el ascua a su sardina sin valorar el daño colateral que hacen al colectivo al no controlar el alcance de sus diatribas.