Susana Ruiz: “Pura Vida vuelve a celebrarse en su cuarta edición en Alfaz del Pi, después de haber pasado por la capital de Colombia”
El culto a la juventud eterna lleva décadas dominando la industria del bienestar, la cosmética y la salud. Sin embargo, algo está cambiando. Frente al discurso obsesivo del antiaging —combatir arrugas, esconder canas, borrar signos del tiempo— emerge con fuerza una corriente más honesta, más científica y, sobre todo, más sostenible: el wellaging. No se trata de parecer más joven, sino de vivir mejor cada etapa de la vida.
El término, que combina wellbeing (bienestar) y aging (envejecimiento), no es una simple etiqueta de marketing. Es un cambio de paradigma. Mientras el antiaging propone una batalla constante contra el cuerpo, el wellaging plantea una alianza con él. Y la ciencia empieza a respaldar esta mirada: envejecer bien no depende solo de la genética, sino de hábitos, entorno y salud mental.
Durante años, el envejecimiento se ha tratado como un problema a corregir. Pero los avances en disciplinas como la gerontología o la epigenética han demostrado que el proceso es mucho más flexible de lo que se pensaba. No se trata de evitar envejecer —algo biológicamente imposible—, sino de optimizar cómo lo hacemos.
Aquí es donde el wellaging gana terreno. No promete milagros, pero sí algo más valioso: coherencia. Alimentación equilibrada, descanso de calidad, ejercicio adaptado y una vida emocional estable no solo alargan la vida, sino que mejoran su calidad. Y eso, cada vez más, es el verdadero lujo.