Santiago Alcarranza: “Hay que agradecer al nefasto Trump que haya conseguido hacer renacer con fuerza el espíritu de la unión europea”

Esta pasada semana el mundo se ha mirado en un espejo en Nueva York. En la Asamblea General de la ONU, 193 países han hablado de paz, mientras fuera hay más de 110 guerras abiertas. Nunca habíamos tenido tantos frentes a la vez. Y no son guerras lejanas. Son guerras que nos tocan el bolsillo aquí también, en el sector turístico, en Benidorm.
La primera en Ucrania. Cuatro años y medio largos de guerra en Europa. Rusia bombardea Kiev de nuevo, moviliza 15.000 soldados más y pone a pelear a norcoreanos. Polonia ya levanta cazas. La guerra que creíamos que acababa en 24 horas.
La otra que más nos suena en Irán, contra Estados Unidos e Israel. Siete meses de guerra directa. Irán ha cerrado el Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo que consume el mundo. ¿Resultado? El diésel a 2 euros La gasolina de nuestro coche se decide en Ormuz.
La tercera en Gaza, enquistada y desenfocada ya. Apunto de cumplir los tres años. Israel acaba de matar a un alto mando de Hamás en el norte de la Franja. Hambruna, ruinas y un plan de paz que no llega.
Y luego están esas otras guerras que no salen en la tele. Sudán, 12 millones de desplazados, la mayor hambruna del planeta. Y Yemen, donde los hutíes atacan Riad y Arabia Saudí bombardea mercados. Por ahí pasa el otro estrecho, el de Bab el Mandeb, por donde llegan los contenedores a Valencia, por ejemplo.
Y no nos olvidamos de Myanmar, una dictadura militar masacrando a su pueblo desde 2021. 16 millones de personas necesitan ayuda. Silencio total; El Congo y Ruanda: la guerra por el coltán, el mineral que lleva tu móvil dentro. Millones de desplazados por controlar una mina; el Sahel, Mali, Níger, Burkina Faso. Golpes de Estado, se va Francia y entra Rusia. De ahí salen los cayucos que llegan a Canarias.
Y así podríamos seguir, pero para que el análisis sea más profundo tenemos con nosotros a nuestro analista, Santiago Alcarranza.

–“Lo que antes nos parecía norm