Ricardo Arangüena: “La vida es una permanente enseñanza, pero hay traiciones que cuesta demasiado tiempo poder borrar de la mente”
Me llamo Ricardo Arangüena Ramírez y me marcho. Después de más de la mitad de mi vida en este pueblo, he decidido retirarme con mi familia y empezar de nuevo en otro sitio. No me voy enfadado, ni huyendo, ni roto. Me voy entero, por primera vez en mucho tiempo. Pero no me voy en silencio. Llevo demasiados años callado para irme callado. Tenía 16 años cuando murió mi padre. Aquel día se me rompió algo que ya no se ha terminado nunca de arreglar. Me juzgaron familiares, me juzgó mucha gente, y aprendí pronto lo único que merece la pena aprender pronto en la vida: que la sangre no siempre es familia, y que la familia, a veces, se la elige uno cuando ya no le queda nadie. Algunos de aquellos amigos que me sostuvieron siguen hoy a mi lado, treinta años después. Otros murieron. Otros se quitaron la vida. Otros simplemente se fueron sin avisar.
Así empezaba una carta, ciertamente alarmante, que nos pediste publicar en LEO RADIO y que a todos nos preocupó...