¿POR QUÉ FRACASAN LOS PAÍSES?
El libro Por qué fracasan los países, de Daron Acemoglu y James A. Robinson, fue publicado en lengua castellana por Deusto en 2012. Ambos economistas norteamericanos fueron galardonados con el premio Nobel de Economía en 2024.
La tesis que sustenta el citado libro se basa en que los países prosperan o fracasan principalmente por la naturaleza de sus instituciones políticas y económicas, no por su geografía, su cultura o la inteligencia de sus gobernantes.
Los autores distinguen dos grandes tipos de instituciones:
1.Las instituciones inclusivas, aquellas que:
Permiten que mucha gente participe en la economía.
Protegen la propiedad y los contratos.
Favorecen la competencia.
Permiten crear empresas y emprender.
Distribuyen relativamente bien las oportunidades.
Existe pluralismo político y límites al poder.
Generan innovación, inversión, productividad y crecimiento sostenido.
2.Mientras que en las instituciones extractivas:
Una minoría controla el poder político y económico.
La riqueza se extrae del conjunto de la sociedad.
Hay privilegios, monopolios y barreras de entrada.
El poder político protege esos privilegios.
La innovación puede ser peligrosa para quienes mandan.
Pueden producir riqueza durante un tiempo, pero normalmente terminan frenando el desarrollo.
En ambos casos, se producen dos tipos de círculos:
El círculo vicioso de las instituciones extractivas donde se concentra riqueza y poder. Quienes tienen el poder económico utilizan su riqueza para conservar el poder político, y quienes tienen el poder político crean reglas que mantienen sus privilegios.
Y el círculo virtuoso, donde las instituciones propician el crecimiento, mediante la aparición de nuevos actores y de un mayor pluralismo.
Lo que suele ocurrir es que la política está por encima de la economía. Las instituciones económicas dependen, en última instancia, de las instituciones políticas. Si un grupo controla el Estado, puede diseñar la economía a su favor y decidir cómo se utiliza la riqueza que se genera.
Los autores conceden una enorme importancia a la innovación. Una economía moderna necesita permitir que aparezcan empresas nuevas y tecnologías nuevas, incluso si eso significa que desaparezcan empresas antiguas. Pero aquí aparece un problema político. Los grupos que se benefician del sistema actual pueden tener interés en impedir las innovaciones que amenazan su posición. Por eso, una élite puede preferir un país menos productivo, pero políticamente controlable antes que un país más innovador que pueda hacerle perder poder.
Para finalizar, a modo de resumen, los autores nos indican que los países no fracasan porque carezcan de recursos; fracasan cuando sus instituciones permiten que una élite utilice el poder político para extraer riqueza de la mayoría y bloquear la innovación y la competencia. Todo ello, podrá ser estudiado a través del análisis de monopolios, privilegios, burocracia, regulación, mercado laboral, vivienda, educación, corrupción, división administrativa y calidad institucional.
J.A. AGUILAR – Colaborador en la sección MUNDO NOIR, del programa AIRE FRESCO –