Pepe Pérez Sirvent: “La idea no es que los niños vean el dinero como algo malo o que solo causa problemas, sino como una herramienta”

Los datos sobre el nivel de educación financiera de los niños no son buenos. Es necesario que los más pequeños se habitúen a tratar con el dinero de una manera inteligente. La familia y la escuela son importantes para fomentar el hábito del ahorro, aprender qué es el dinero o convertirse en consumidores responsables, tres cuestiones esenciales para empezar a cuidar la salud financiera desde la infancia.

Los niños muchas veces creen que nada en la vida es imposible, que el dinero se fabrica cuando uno lo necesita o que los cajeros lo regalan cada vez que una tarjeta entra por la ranura. Luego van creciendo y entienden que el dinero se gana a base del trabajo y esfuerzo de los adultos, pero no van mucho más allá. Una vez que comprenden que el dinero entra en el banco después de hacer un trabajo determinado, muchos se quedan ahí y sus conocimientos sobre finanzas no avanzan mucho más.

Conceptos como el de crédito, TAE, pensión, aval, deuda, cheque, inflación, hipoteca, interés, rentabilidad o impuesto, duermen el sueño de los justos en sus cabezas si es que alguna vez las escuchan casualmente.

La prueba de que los más pequeños carecen de una buena educación financiera son los resultados del informe PISA, que comenzó a evaluar esta competencia en 2012. El estudio, que mide la comprensión y las destrezas necesarias para dar con éxito el paso de la vida escolar a la universidad, la empresa o el mundo laboral, alertó en 2018 sobre la necesidad de mejorar los niveles de educación en materia financiera, incidiendo tanto sobre la población joven como sobre la adulta.