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España tiene un problemón con las motos. Cada vez hay más, y más accidentes. Terminó 2024, y con él, un dato preocupante que merece un análisis más allá de lo noticioso: los muertos en moto se mantienen. En principio, debería sonar bien. Pero si se analiza contextualmente, es un dato preocupante porque, el mismo año de comparación fue terrible respecto a otros.
En la provincia de Alicante el problema no es menor. Ya se hace extraña la semana en la que no da la desagradable noticia de que algún motorista ha fallecido en accidente de tráfico, con especial incidencia en los menores. Las carreteras cercanas están cada vez más salpicadas de flores, fotos y símbolos que los recuerdan, haciendo que la conducción general se convierta en algo traumático.
Desde el gobierno hablan de "estabilidad". Claro, porque la cifra es calcada: 300 muertos en moto y ciclomotores, exactamente igual que en 2023. Y ya entonces la cifra fue terrible. La más alta en años y la historia se repite. Los datos son claros: el año pasado se contabilizaron 1.040 siniestros mortales en los que fallecieron 1.154 personas y otras 4.634 sufrieron heridas graves que requirieron hospitalización. De ellos, 289 fueron en moto y 11 en ciclomotor: 300 en total. En la última década, el parque de motocicletas ha crecido un 16,8%, con un notable aumento en las motos de hasta 125 cc, que han registrado un crecimiento del 48,9%. Este segmento, popular por su facilidad de conducción y su uso en entornos urbanos, también concentra una alta proporción de siniestros. No es casualidad.
Sin embargo, el aumento en el número de motocicletas no ha venido acompañado de una mejora proporcional en la seguridad vial. La tasa de mortalidad por cada 10.000 motos sigue siendo alarmante. Esto pone de manifiesto que, a pesar de los avances tecnológicos en sistemas de seguridad, como los frenos ABS o los controles de tracción, el problema está lejos de solucionarse.