Mitjana: el sanguinario bandolero de Castell de Castells
Hola lectores de leoradio, una semana más volvemos a encontrarnos en este espacio, el vuestro, en esta ocasión quiero hablaros de un terrible y sanguinario bandolero de Castell de Castells: El Mitjana, quien, en poco, o en nada, estimaba la vida de todo aquel que se atrevía a interponerse en su camino, fuese amigo o enemigo, poco le importaba, el roder cargaba su retaco (escopeta de cañón corto muy reforzada en la culata de gran uso en el siglo XIX) y adiós muy buenas. En aquella época, cada pueblo tenía su roder, Finestrat a Pinet, Ebo al Destralet, Benimantell al Bou, Polop al Espí, y Castell de Castells a Mitjana, pues en esta población nació y creció el más temible y despiadado roder del momento, que llegó a ser alcalde, pues siempre estuvo protegido por los caciques y políticos de turno, él, quien tanto despreciaba la vida y compraba voluntades a precio de sangre, como veremos a continuación.
Juan Bautista Reig Verdú, alias Mitjana
Siempre, tras su nombre, dejaba un reguero de sangre, todos le temían y evitaban, él roder tenía el gatillo fácil y la navaja siempre presta, esa impronta de desquiciado e impetuoso cuyas acciones nadie esperaba, nunca paraba en razones, en las montañas la única ley era la suya. De modo que, si todavía lo veis venir, haceos a un lado.
El 12 de abril de 1866, se ejecutaba con garrote en medio de la plaza de Callosa d´Ensarriá a Antonio Tomás y Tomás y a Antonio Berdú Baquer- alias Petity y alias el Cojo de Poxilo-, por el asesinato y robo de Nadal Ballester y Vicenta Borrás, su criada. Bautista Mitjana tenía 18 años cuando observaba entre la abigarrada muchedumbre la espeluznante escena con total indolencia, puede que estuviese valorando los errores cometidos por aquellos.
Cinco años después, en 1871, comete Mitjana un doble asesinato en la plaza de Castells, al primero de ellos lo reventó en una esquina de ésta con su arma, como contaría Gabriel Miró en el libro “Años y leguas”: “enseguida cargó y cebó el retaco y dijo: “a ese me lo hago al vuelo”. Disparó otra vez y desde el andamio, donde estaba subido su enemigo remendando el campanar, comenzó a caer muerto, en un remolino, como un pichón”.
Esa extraña ave que cayó desde el andamio era Pascual Mesquida, albañil y juez municipal de Castells. El Juez de Callosa no tardó en llamar al asesino, pero éste ya se hallaba en Argel, refugio de multitud de criminales en aquella época.
A su regreso, un año después, se casa con una moza de Pego, quien dio a luz a un niño que murió prematuramente, Mitjana había designado como padrino de su hijo a su amigo nucier Mariano Lloret, a quien, tiempo después, durante las elecciones, le hizo una petición tan especial como incongruente, le pidió que, cuando pasara por Guadalest votasen él y el burro a los suyos- probablemente el burro tenía más claro que nadie a quien votar. Su amigo no entiende el sentido de aquella frase que parece tan absurda. No sigue las indicaciones de su amigo y se pierden ambos votos, eso llega a oídos de Mitjana quien, cuando vuelve a encontrarlo, le recuerda su petición, a sabiendas que ésta había caído en saco roto y, dolido por ello, saca la navaja y le dice: “no et mataré, pero t´en recordarás de mi tota la vida”, entonces le tira un cuchillazo y le corta una oreja, la arroja a un pozo y tras ella arroja igualmente al propietario de ésta. Cuentan que unos vecinos que por allí pasaron le rescataron sacándolo con dificultad de aquel agujero, desde entonces el hombre tapó su lado mutilado con un pañuelo de pita valenciano.
Poco después de este suceso ocurre un hecho curioso en el camino de Callosa a Altea, donde son asaltadas unas personas, a una de ellas, además de robarle 6000 reales le cortan una oreja, dejando un buen charco de sangre en el suelo. Quizá sea una simple coincidencia, quizá no.
En 1873, el cónsul de España en Argel, Balbino Cortés, reclama su extradición, las autoridades de esta nación miran a otro lado mientras nuestro bandolero vive a pierna suelta en la ciudad y, no es hasta 1878, cuando deciden detenerlo y entregarlo a España.
El bandolero siempre sale bien parado con la justicia, los caciques, para los que hacía encargos, interceden por él y el fugitivo acaba obteniendo un indulto salvador. Mas su mujer no olvida y se la guarda, cuando vuelve a la calle le tiene dispuesta una celada, harta de los celos y la indiferencia ha contratado a un bravucón o matón para darle un susto, sin embargo, es éste el que sale trasquilado. Mitjana mata al sicario, aunque sale mal herido del encontronazo. La mujer corrió a Pego a refugiarse con los suyos. Jamás volvieron a encontrarse.
Unos años después, el 6 de octubre de 1891, el Juez de Instrucción de Callosa le llama a declarar sobre la muerte de dos vecinos de Castell de Castells, Francisco Ferrer Vaquer y Francisco Tomás Vaquer; el roder tenía entonces 43 años, era alto, ojos pardos y el pelo cano, pantalón de panilla azul al estilo de Argel, chaleco de lana, mangas de camisa, sombrero hongo y alpargatas de cáñamo con cinta negra; mas allí no aparece nadie a declarar, ni se le espera, de nuevo Batista ha puesto tierra de por medio.
Tierra y mar, Mitjana se ha refugiado una vez más en Argel, en el barrio de Bab- al- Cab, donde se siente seguro, Allí frecuenta una taberna que dirigen unos amigos, donde un día, tres marineros italianos que iban muy cargados de vino tratan de abusar de la mesonera, por lo que acaban encontrándose con la horma de su zapato, aquel no era su día, eso se lo demuestra el mismo Bautista Mitjana, el diablo de Castells quien, con una navaja, les raja el vientre a los tres, dejándolos muertos sobre un gran charco de sangre en medio de la taberna. La policía de Argel acaba reconociendo en aquella sangría una acción heroica, sobre todo después de comprobar los antecedentes de aquellos.
En marzo de 1896 la Guardia Civil de Benissa le captura y entrega al juzgado de Pego para que fuese juzgado por las muertes de sus dos convecinos en el año 91. Pero Mitjana logra fugarse. Es un año después, en marzo de 1897, cuando de nuevo le detienen, esta vez son los guardias de Benichembla los que le entregan al juzgado de Callosa.
Pero Mitjana cuenta con la importante protección de caciques y políticos que evitan su ingreso en prisión o la reducción de la condena, ya que éste les procuraba multitud de votos, conseguidos bien por las buenas o por las malas, tanto es así que acaban nombrándole alcalde de Castells.
No debió de ser muy largo su cautiverio, pues un año después, en marzo de 1898, la Guardia Civil le detiene por reiterada vez: más por una puerta entra en prisión y por la otra sale.
En el año 1902, mientras el escritor Gabriel Miró se hallaba residiendo en Parcent, estuvo tomando notas sobre unos sucesos que ocurrieron en Castell de Castells con el alcalde Bautista Mitjana como protagonista: “había llegado la nueva de que, aquella tarde, enemigos del bravo habíanle acometido en plena calle; y él, postrado, manando sangre de mortales heridas, aún mató a un contrario y ahuyentó a otro”.
En octubre de 1904 los vientos cambian, le suspenden del cargo y la Guardia Civil hace un registro en su casa incautándole dos escopetas, un revolver y un cuchillo. Aún así, Bautista presenta un recurso al Ministro de Gobernación contra la providencia del Gobierno Civil.
El tiempo pasa, pasa inexorablemente, pero la leyenda sigue viva.
Siendo anciano, sentado un día de calor a la puerta de su casa, llegaron dos individuos, vendedores ambulantes de salazones, para reírse del viejo roder: “¿eres tú el famoso bandolero Mitjana?”, “¿el renombrado asesino Bautista Mitjana?”, reía el otro, se mofaban de él, incluso le pasaron por la cara un trozo de melva podrida. Él, entonces, se levantó, entró en la casa y salió con una escopeta, la cargó y disparó al tiempo que decía: “aún sois demasiado jóvenes para el viejo Mitjana”, y allí quedaron aquellos dos locos en medio de un charco de sangre.
Está será la última aventura de Bautista Reig Verdú Mitjana
Obra consultada: “Los bravos roders”, relato incluido en el libro “Años y leguas” de Gabriel Miró, “Blogger.com, LOS MIXANA”
José Rafael Moreno Amorós