Mesa de Empresarios: “En verano Marina Greenwich está siempre a tope, pero hay que trabajar mucho para que el invierno sea igual”

España ha vuelto a demostrar este verano que es una de las grandes potencias turísticas del mundo. Y lo es con orgullo. Con toda probabilidad, cerraremos el año superando las cifras récord de 2025, cuando recibimos más de 96,8 millones de turistas internacionales. Pero ha llegado el momento de decirlo con claridad: el éxito del turismo no puede medirse únicamente por cuántos vienen, sino por lo que dejan, por cómo conviven con nosotros y por cómo contribuyen a mejorar la vida de quienes vivimos aquí.
Hasta julio, el gasto de los visitantes internacionales creció un 7,8% respecto al año anterior, mientras que las llegadas aumentaron un 4,6%. Ese dato marca el camino: menos obsesión por la cifra y más ambición por el valor. Porque el turismo que necesitamos no es el que simplemente llena calles, playas y aeropuertos, sino el que deja riqueza, empleo, oportunidades y futuro. Y ahí la hostelería es insustituible: convierte una estancia en una experiencia, una comida en un recuerdo y una visita en una historia que se cuenta al volver a casa.
Por eso debemos seguir construyendo, sin complejos y con determinación, el modelo turístico que queremos. Sí, queremos turistas; claro que los queremos. Somos un país abierto, hospitalario y orgulloso de compartir lo que somos. Pero no queremos turismo a cualquier precio. No queremos quedarnos solo con una cifra en una estadística. Queremos un turismo que aporte riqueza real para que podamos vivir mejor. Si el turismo es una de nuestras grandes fortalezas, también debe ser una herramienta para mejorar la vida de nuestra gente.