Matías Romá: “Siento un enorme orgullo y felicidad al certificar que FCC ha sido la empresa que ha ganado el concurso de la limpieza”
Voy a decir algo que todos sabemos pero que a veces olvidamos: el turista no viene a Benidorm solo por el sol. Viene por cómo le hacemos sentir. Y la primera sensación no es la playa, es la acera. Un turista perdona que el hotel sea de tres estrellas. No perdona una calle sucia. No perdona un contenedor desbordado a las diez de la mañana en el centro de la ciudad. No perdona papeles en el Paseo de Poniente. Porque la limpieza no es un servicio, es la tarjeta de presentación de una ciudad que recibe a más de diez millones de personas al año.
Benidorm compite con Dubái, con el Algarve, con Turquía. Y competimos con una ventaja que ellos no tienen: somos una ciudad limpia que quiere ser impecable. Y ahí está la diferencia. Una ciudad limpia es seguridad sanitaria. Es comercio que vende más porque su escaparate está presentable. Es un hostelero que no tiene que barrer la calle antes de poner la terraza. Es un vecino que se siente orgulloso de su barrio, del Rincón, de Els Tolls, del Casco Antiguo, La Cala.
Pero una ciudad sucia es el comentario en TripAdvisor que nos cuesta miles de euros. Es la foto en Instagram que hace más daño que mil campañas. Es el turista que no vuelve. Por eso, hoy quiero poner en valor el trabajo de los operarios que empiezan a las cinco de la mañana y no paran en las 24 horas del día. Pero también pedir responsabilidad. La limpieza no la hace solo el Ayuntamiento. La hacemos todos. El que recoge lo del perro, el que no tira la colilla, el empresario que respeta el horario del contenedor. Benidorm es la capital mundial del turismo. Y una capital no puede permitirse una calle sucia. Porque en turismo, limpieza no es gasto. Es inversión. Es reputación. Es futuro.