LA DEMOCRACIA
J.A. AGUILAR – Colaborador en la sección MUNDO NOIR, del programa AIRE FRESCO – 26/10/2026
Dicen que Winston Churchill, primer ministro británico durante unos diez años, hizo suya una frase de Platón que expresaba que «la democracia es el menos malo de los sistemas».
Hay que reconocer que la frase tiene su miga, aunque sea una obviedad, ante la posibilidad de tener como sistema político alternativo cualquier tipo de autocracia, dictadura o tiranía, entre otras modalidades, del «aquí mando yo, porque sí».
Pero la democracia tiene sus imperfecciones, como así lo reconoció el sabio griego, al que hay concederle el beneficio de la duda, ya que fue alumno de Sócrates y maestro de Aristóteles, casi nada. Y aquí es donde viene el lío. Porque la variable independiente del asunto es el factor humano, es decir, las personas.
Este factor tan importante y omnipresente lleva a cierta degeneración en los tipos de gobierno, que Platón describió como formas de gobierno injustas:
- Timocracia: gobierno basado en el honor y el poder de las élites. Es curioso que el análisis etimológico de la palabra timocracia nos lleve a que timé, en griego, signifique honor o valor, mientras que, en nuestro idioma castellano, todos sabemos lo que representa la palabra timo. Cosas de los idiomas.
- Oligarquía: gobierno basado en la riqueza de unos pocos. En la actualidad, ya sea de carácter analógico o digital, los oligarcas tienen mucho poder y mandan mucho. Las dos primeras formas injustas están muy solapadas, hoy en día.
- Tiranía: asimilable también a la dictadura, donde un pseudo líder (autócrata, dictador, cabecilla, caudillo, etc.) populista acapara el poder absoluto, por el medio que sea. Aquello de que «el fin justifica los medios», que nos dejó dicho Maquiavelo.
Abundando en las degeneraciones democráticas de Platón, hace unos años leí en el diario La Vanguardia una entrevista con un ex espía de profesión, en la que este señor comentaba que la mafia había incluido en su portafolio de negocios el estar presente en los gobiernos de países supuestamente democráticos, de una manera sencilla. «Se monta un partido político; se vende el humo necesario (es decir, mentiras) para atraer votantes; se ganan las elecciones; se promulgan nuevas leyes a medida; y ya estamos dentro del “sistema democrático”». Este golpe incruento es uno de los grandes agujeros negros de la democracia.
Por otra parte, cuando oigo a políticos de nuestro país hablando del concepto «democracia plena», debo decir que el adjetivo chirría en mi cerebro. Una democracia, lo es o no lo es. No necesita adjetivos. Es por ello que, a mi entender, aunque pueda sonar como una perogrullada, la democracia es para demócratas, por tanto, la base que sustenta el tema son las personas (demócratas) como he comentado anteriormente.
Si algunos de tus compatriotas tienen de demócratas lo que yo tengo de «arzobispo de Cuenca» (con todo el respeto para los arzobispos y para Cuenca), no es de extrañar que tengamos que añadirle un aditivo a la magnífica palabra democracia, para parecer lo que no somos.