LA ASIGNATURA DE VALENCIANO EN LA ESCUELA

J.A. AGUILAR – Colaborador en la sección MUNDO NOIR, del programa AIRE FRESCO –

Leo y oigo con estupor que, en el plan de estudios de la asignatura de Lengua Valenciana que se imparte en las escuelas de nuestra Comunidad Autónoma, se van a omitir las obras de escritores y escritoras de Cataluña y Baleares que escriban en uno de sus idiomas vernáculos.

Como bien es sabido en las tres comunidades autónomas, existen dos idiomas cooficiales: el castellano y el valenciano o catalán. Y, a pesar de algunas estupideces en boca de algunos, el castellano está más vivo que nunca y tiene un acervo inmejorable. Por tanto, tratar de tapar otros idiomas oficiales, no olvidemos que además de oficiales son la lengua de muchas personas, no hará mejorar el uso de la lengua común de toda España.

Tal medida es de todo punto incomprensible, arbitraria y extemporánea. Reducir el saber a nuestros jóvenes por motivos espurios es un despropósito. Ahora que está en boga hablar de tener un propósito para cualquier tipo de proyecto u organización, quizá sea el momento de pensar en el propósito de tal despropósito.

Puestos a seguir con tal esperpento, quisiera preguntarle a los “sesudos sabios” que han ideado el tema, si también van a prohibir en la asignatura de Lengua Castellana a escritores catalanes o baleares que, te puedan gustar más o menos, escriben o han escrito en ese idioma. Son unos cuantos: Juan Marsé, Eduardo Mendoza, Manuel Vázquez Montalbán, Ana María Matute, Carlos Ruíz Zafón, Javier Cercas, Rosa Regás, Terenci Moix, entre otros contemporáneos. Como entiendo que no prohibirán estudiar a los grandísimos autores hispanoamericanos, aunque no sean españoles.

En Cataluña y en Baleares no se pueden permitir el lujo de despreciar a los autores valencianos que acostumbran a escribir en su lengua materna, como Ferran Torrent, Enric Valor, Joan Fuster o Isabel-Clara Simó. Sin olvidar a los clásicos, como Ausiàs March o Joanot Martorell.

Llevar a cabo tal disparate sólo puede ser comparado, como leí en un artículo reciente, a un nuevo episodio de la “quema” de libros que se trató en la premonitoria novela Fahrenheit 451, de Ray Bradbury.

Saber comunicarse es un de los elementos esenciales entre los seres humanos. Querer inmiscuirse en este tema para propiciar el prejuicio, el desprecio, incluso, el odio, es de una cortedad de miras que da miedo. Y que debiera ser demérito suficiente para que los que han metido la pata, queriendo o sin querer, no sé qué es peor, tendrían que pagar con la indiferencia por parte de los que tenemos como bien supremo el entendimiento entre las personas y los pueblos de este Mundo.