Juan Ronda: “El problema de la vivienda no está en la escasez sino en la injusta ley que criminaliza a los propietarios”

El riesgo de construir ciudades imposibles para vivir va más allá de lo económico, pues la vivienda siempre ha sido uno de los pilares fundamentales sobre los que se sostiene cualquier sociedad, es uno de los problemas que acucian a la sociedad española. No se trata únicamente de disponer de un techo donde guarecerse, sino de contar con las condiciones mínimas necesarias para desarrollar un proyecto de vida, formar una familia, construir relaciones sociales y poder llegar a contribuir de manera estable al progreso colectivo de la sociedad.

Por eso, el deterioro que está sufriendo el acceso a la vivienda en muchas ciudades no puede contemplarse únicamente como si solo fuera un problema económico. Porque lo que está ocurriendo en numerosos municipios también europeos, y especialmente en determinadas zonas urbanas españolas, supone en realidad un profundo cambio de paradigma social que debería hacer reflexionar seriamente a todas las administraciones públicas.

En apenas unos años barrios enteros han cambiado su estructura humana, comercial y residencial. Allí donde antes existía vida vecinal, estabilidad y arraigo, hoy proliferan alquileres temporales, habitaciones diminutas y viviendas turísticas destinadas exclusivamente al beneficio económico inmediato.

La consecuencia es evidente: las viviendas que tienen ese objetivo crean ciudades cada vez más rentables para la inversión, pero menos habitables para quienes las han venido sosteniendo cada día.

La vivienda como derecho, siendo irrefutablemente un elemento vertebrador social, no puede discutirse. No es un lujo ni un complemento secundario, constituye una necesidad básica imprescindible para el desarrollo personal y por ende colectivo. Y esto no es algo baladí.