José Parra: “Aunque trabajé en varios sitios, siempre tuve claro que quería montar mi propio negocio de fotografía”

Hay comercios que venden productos. Y hay comercios que venden tiempo. Los primeros cierran cuando cambia la moda. Los segundos cumplen cinco décadas.

La historia nos dice que un comercio que lleva 50 años haciendo lo más difícil, sigue siendo relevante

No abrió con un gran plan de negocio. Abrió con una persiana metálica, un mostrador de madera y una idea muy clara en los años 70: tratar a cada cliente como si fuera el único. Cuando todo el barrio compraba en el mismo sitio porque no había otro, ellos ya anotaban nombres, tallas y gustos en una libreta. El primer CRM fue a bolígrafo.

Esa libreta es la clave para entenderlo todo.

Lo primero fue el oficio. Mientras otros competían por precio, ellos compitieron por conocimiento. Sabían más que nadie de su producto. La gente no venía solo a comprar, venía a preguntar. Se convirtieron en referencia.

Llegaron las grandes superficies y los centros comerciales. Muchos comercios como este cerraron. Ellos hicieron lo contrario a lo que decía el miedo: invirtieron. Reformaron la tienda, ampliaron el catálogo y fueron los primeros de la calle en poner nuevos productos a la venta. Entendieron que la comodidad también es un producto.

Después llegó el salto digital que nadie esperaba. Cuando otros decían "internet nos va a matar", crearon su primera web. No para vender, sino para que los clientes pudieran ver el stock antes de venir. Fueron pioneros del "mira online, recoge en tienda" sin saber que estaban inventando una nueva tendencia.

Siempre tuvieron claro lo que significa “La comunidad”. Entendieron que un comercio no es un lugar, es gente. Abrieron Instagram cuando sus competidores aún hacían flyers. Empezaron a contar historias, no ofertas. Colaboraciones con marcas locales, presentaciones. La tienda se convirtió en punto de encuentro.

Y hoy son dueños de la resiliencia. La pandemia fue el final para muchos. Fue el principio de su segunda juventud. Desarrollaron aún más su tienda online, servicio a domicilio, atención vía WhatsApp. Lo que para otros fue improvisación, para ellos fue la consecuencia lógica de cinco décadas escuchando al cliente.

Hoy, 55 años después, siguen con la persiana arriba.

¿Cuál es su secreto?

No es la tecnología. Es la mentalidad.

Nunca han confundido tradición con inmovilismo. Respetan su origen, pero no se aferran a él.

Innovan en lo invisible. No solo en el escaparate, sino en la trastienda: gestión, proveedores, formación y mimo del equipo.

La segunda generación no vino a heredar, vino a cuestionar. Y la primera tuvo la inteligencia de dejarle hacerlo.

Como siempre ha dicho José Parra: "El día que pienses que ya sabes todo sobre cómo funciona tu negocio, ese día empieza a cerrarse".

Cinco décadas después, siguen aprendiendo. Siguen más vivos que nunca.