José Antonio Aguilar: “Es imposible resumir el mundo de la novela negra británica en un sólo programa”

Cuando pensamos en novela negra, nuestra mente viaja casi inmediatamente a EE UU. La influencia de la literatura, pero sobre todo del cine, nos hace pensar en detectives clásicos del hard boiled. Sin embargo, no hay nada tan británico como una buena novela de crímenes. El arquetipo de detective se lo debemos en buena parte a Inglaterra, y de allí han salido un buen número de obras que nos enfrentan al crimen y al misterio.

Si hay una autora a la que le debemos gran parte del canon criminal, es sin duda Agatha Christie. A lo largo de su extensísima obra, ella fijó gran parte de los mecanismos de la novela negra que hoy perduran. Nos quedamos con El asesinato de Roger Ackroyd, una de las mejores (y más negras) entregas de Hercules Poirot. De igual forma, el thriller de espías tiene en autores británicos a sus grandes tótems. En El tercer hombre, Graham Greene nos enfrenta a una intriga en la Viena posterior a la II Guerra Mundial. Y si hablamos de espías es obligado mencionar a John Le Carré. El topo es una de sus más redondas obras, con el telón de fondo de la guerra fría.