Hablamos Español advierte a Educación de la Comunidad Valenciana que se está presionando a los claustros de profesores para que apoyen un manifiesto contrario a la consulta lingüística
La primera queja nos llegó de profesores de un instituto de Altea, en Alicante. Se había convocado a los profesores a un claustro y, una vez reunidos, comprobaron que solo se iba a tratar el apoyo a un manifiesto contrario a la consulta en la que las familias votan si prefieren más presencia del español o del valenciano en las aulas.
El profesorado está obligado a asistir a los claustros, y el director no pude dispensar a nadie de cumplir ese deber, por lo tanto, si se quieren tratar asuntos que no son competencia del mismo, se deberá convocar una asamblea, a la que se acude voluntariamente, en lugar de utilizar a un órgano de la administración para acorralar a los profesores. Ni siquiera pudieron emitir un voto secreto en un asunto que se ha con vertido en polémico, ya que solo se les preguntó de viva voz si alguno se oponía a la firma unánime del manifiesto.
Desde Hablamos Español nos hemos dirigido a la Inspección Educativa, solicitando que se anule el acuerdo adoptado por el claustro para la adhesión de este al manifiesto leído en la reunión del claustro de referencia, por vicio de incompetencia del mismo para tratar el asunto y, sobre todo, para adherirse a un manifiesto que claramente vulnera la neutralidad política e ideológica.
Por otra parte instamos a las autoridades educativas a advertir a los centros que se abstengan de permitir que en las reuniones del claustro se traten asuntos que no son competencia del mismo, y con mayor razón si suponen una vulneración de la neutralidad política e ideológica, obligando, por otra parte, a los miembros del claustro a, como mínimo, escuchar intervenciones sobre asuntos que son ajenos a las competencias del claustro y que, en el peor de los casos, pueden provocar situaciones de incomodidad o incluso de tensión que en nada benefician la convivencia en el centro.
Es una táctica habitual del nacionalismo lingüístico inundar el tejido social, sobre todo la enseñanza. En circunstancia como las actuales suelen esgrimir el apoyo de colectivos, aunque todo sabemos que, para ello, se valen de la presión y a veces incluso de la coacción.
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