Elisio Da Silva: “Llegué a Finestrat hace 23 años y me enamoré, hoy tengo aquí el Gym Corpore más grande de todos”

Era también durante esa noche cuando las fronteras entre el mundo de la magia y el nuestro se volvían más tenues y porosas, lo que convertía a los humanos en probables víctimas de las travesuras de las hadas, pero al mismo tiempo facilitaba la solicitud de ayuda y favores a los entes sobrenaturales. Estos auxilios se ligaban especialmente al ámbito agrícola, principal fuente de subsistencia de muchos pueblos y ciudades, y en cuyo resultado el azar seguía jugando un papel que podía dar al traste con todos los cuidados del agricultor. Era la época del año en que cultivos y animales estaban más expuestos a las enfermedades, y se requería la combinación adecuada de luz y lluvia para una cosecha abundante. Por eso los símbolos de la Noche de San Juan son el fuego (que representa al Sol), el agua y las flores.


La imposición del cristianismo en Europa, con la subsiguiente persecución de las religiones paganas, cambió todo aquello: el solsticio de verano se convirtió en la celebración de San Juan Bautista, nacido el 24 de junio según el evangelio de san Lucas. Pero, a diferencia de lo que ocurrió con otras fiestas incorporadas al calendario eclesiástico, su capa de paganismo nunca se pudo eliminar del todo, como lo prueba el hecho de que es una de las pocas cuyas celebraciones principales, las famosas hogueras, continúan teniendo lugar por la noche y al aire libre.

La verdad es que no existen incompatibilidades insalvables entre la festividad del santo y los ritos de la noche, y muchas de las creencias originarias continúan estando presentes en las tradiciones de los países que la celebran: las hogueras son el símbolo principal, y en un principio se incorporaron como protección frente a los espíritus malignos. El rito de atravesarlas de un salto fue en su origen una forma de purificación, ya que lo que pasa por el fuego queda limpio, mientras que lo que este destruye desaparece para siempre.