Elisio Da Silva: “La vigorexia no es una adicción muy extendida, pero como cualquier otro extremo, hay que intentar corregirla”
La adicción al deporte es un trastorno que, aunque menos conocido que otras adicciones, puede tener graves consecuencias para la salud física y emocional. Comprender cómo se manifiesta y cómo abordarlo es esencial para mantener un equilibrio saludable en la vida de quienes la padecen. La adicción al deporte, también conocida como vigorexia o ejercicio compulsivo, se refiere a la necesidad incontrolable de realizar actividad física, a pesar de las posibles consecuencias negativas para la salud. A diferencia de una práctica deportiva saludable, donde el ejercicio se realiza de manera equilibrada y con objetivos claros de bienestar, la adicción al deporte se caracteriza por una obsesión que lleva a entrenar en exceso, ignorando señales de fatiga o lesiones. Las personas adictas al deporte suelen sentir ansiedad o culpa si no pueden realizar ejercicio, lo que contrasta con una actitud más flexible y consciente en la práctica deportiva saludable.
La adicción al deporte puede tener varias causas, incluyendo factores psicológicos, sociales y biológicos. En términos psicológicos, la baja autoestima y la insatisfacción con la imagen corporal pueden impulsar a algunas personas a hacer ejercicio de manera compulsiva en un intento de mejorar su apariencia. La búsqueda de perfección o el deseo de control también pueden ser motivadores. Socialmente, la presión para mantener un cuerpo atlético, alimentada por los medios de comunicación y las redes sociales, puede contribuir al desarrollo de esta adicción. Además, los factores biológicos, como los cambios en los neurotransmisores del cerebro durante el ejercicio, que generan sensaciones de placer, pueden llevar a una dependencia física del ejercicio.