Eberhard Schlotter, el artista que se enamoró de Altea

   Hola lectores de Leoradio, no son pocos los artistas que se han enamorado de la Villa Blanca: Benjamín Palencia, Ramón Gaya, Genaro Lahuerta, Joaquín Mompó, Genaro Palau, entre muchos otros; hoy os quiero hablar de un pintor alemán de fama internacional, considerado uno de los mejores artistas del siglo pasado: Eberhard Schlotter, artista que creció en medio de una Europa convulsa insuflada de ideas políticas novedosas e imposibles que nacieron en el siglo anterior para eclosionar y arrastrar a su fin a este viejo continente en el XX. A partir de ahí nada sería igual para los pueblos y sus gentes, para su filosofía y necesidades, para su evolución, nada, tales fueron las ideas que envenenaron el siglo. Este genial pintor, grabador e ilustrador germano, reconocido con grandes premios en todo el mundo fue un ejemplo de trabajo y dedicación, un artista y un hombre que supo amar y ser amado, él y su familia encontraron su rincón y refugio en la preciosa Villa de Altea, donde vivieron los últimos 50 años de vida, en esta maravillosa población creció su hija Sibyla, murió su mujer Dorothea, y el mismo artista también. “Altea era el lugar que me regaló lo que los velos impenetrables de mi patria ocultaban, luz y forma, que regalo. Me enamoré de Altea y erigí mi nido en el antiguo muro de la ciudad, en medio de tanta humanidad”, escribía el mismo Shlotter. 

     Ahora bien, si os interesa y queréis saber algo más sobre él y su obra, sólo tenéis que acompañarme en este fascinante viaje a tan gran hombre. 

      Eberhard, el pintor que vivió el infierno y encontró en Altea la calma y la luz

     Eberhard Schlotter nació en la localidad alemana de Hildesheim, cerca de Hannover y Brunswick. Hijo mayor de una familia de artistas, escultores, pintores y profesores de arte, sus padres, Heinrich Schlotter e Irene Noack le abrieron las puertas a un mundo de cultura, arte y libertad para que volara, lástima que los tiempos en aquella loca Alemania estuviesen dominados por la dictadura nazi y el miedo, inmersos en una sociedad apocada y gris tras la primera Gran Guerra. Desde su infancia, Eberhard, se sintió atraído por el arte, en 1934, cuando contaba tan sólo 13 años, apareció un dibujo suyo a plumilla en un periódico local. Fue alumno de Wilhem Maiggater en la escuela de artes y oficios, quien le enseñó todos los entresijos para hacer grabados con la punta de acero y el diamante, o la técnica del aguafuerte. En 1939 comenzó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de Munich y en el 41 participó en la Gran Exposición de Arte Alemán de esta ciudad. Sus obras disgustaron a los representantes del partido nazi, personas de mentalidad retrograda, inmersas en su caza de brujas contra todo aquello que escapase de sus entendederas y se alejase del tratamiento tradicional y academicista de épocas pasadas y gloriosas, según ellos, por lo cual, sus trabajos estaban encasillados en lo que ellos consideraban “arte degenerado”. Otros artistas perseguidos en aquella época fueron los componentes del grupo expresionista “Der blaue reiter”, “El jinete azul”, como Wassily Kandinsky, Franz Marc, August Macke, Paul Klee y Gabriele Münter, entre otros, artistas que tuvieron después una gran proyección y que a mí, personalmente, me gustan mucho.

     Al comenzar la guerra fue movilizado y enviado al frente del este donde combatió del 41 al 45, siendo gravemente herido en el 44, precisamente es en el hospital, durante su recuperación, donde conoce a la enfermera Dorothea von der Leyden, la que será su futura mujer. Un caso similar al del escritor Hemingway, quien se enamoró perdidamente de su enfermera, Agnes, en Italia, algo mayor que él, aunque su amor, desafortunadamente, no fue correspondido.

     Prisionero del ejército de los EEUU en el 45, pasó varios meses prisionero en Cherbourg y Le Mans. Una vez acabada la guerra continuó sus estudios en Munich. En 1947 nacería su hija Sibyla. En el verano de 1954 realiza, junto a su familia y unos amigos, un viaje a España, el segundo, en esta ocasión tenían intención de bajar a Andalucía, e hicieron pernoctación, en medio del camino, en una fonda de Altea. Cuentan que al levantarse por la mañana y abrir la ventana quedó impresionado ante el espectáculo de luz y color que vio ante sí, fue un flechazo, se enamoró con pasión, como un niño, de aquel paisaje, de aquella bahía y de las casitas blancas que la rodeaban. Entonces decidieron quedarse allí el resto de las vacaciones. Pero mejor que nos lo cuente él mismo:

     “Aquí, en la huerta, entre naranjos y limoneros, alquilamos una casa en una pequeña colina, con vistas al mar y a la montaña, Alemania por aquel entonces quedaba muy lejos, y las noticias de aquella parte se las llevaba la suave brisa del atardecer cuando los colores del día se volvían pastel. Leíamos al Quijote, caminábamos con él. Sibylle cuidaba las cabras con el tío Toni y daba de comer a nuestro burrito Platero. Teníamos un techo bajo el que dormir, cocinábamos sobre fuego abierto, de noche no teníamos luz.”

     “La vida se hacía en la calle. Gentes y animales en la misma casa. No había canalización, todo se tiraba a la calle, las pintorescas calles con sus escaleras llenas de baches y escombros. Tras las caras de las personas, todavía marcadas por el miedo de la guerra fratricida, tras la impotencia de la pobreza.” 

     “Se vislumbraban las ganas de vivir. Canticos ululantes desde los patios todavía conservaban los sonidos de los tiempos de los moros. Esos cantos llenos de humanidad, especias y cursilería. Caminaba por ese paisaje y me encerraba en mí mismo. ¿No es éste el grado de latitud que transcurre por todo el mundo, donde mejor vive el hombre?”

   Una vida dedicada al arte de vivir, de viajar, de crear, de amar

     Nuestro artista recibió importantes premios internacionales, galardones y honores tales como el:

     1953: Premio mural en Franckfurt. Durante este año realiza viajes al sur de Europa y Oriente Medio.

     1954: Premio de pintura contemporánea Stroher- Preis. Premio del Bundesverband der Deutschen Industrie. Realiza su segundo viaje a España y conoce Altea.

     1955/57: Presidente de la Neue Darmstadter Sezession. En el 56 compran su casa en Altea.

     1967: Premio Dr. Drexel para ilustración bibliófila.

     1967/68: Catedrático de la Academia de bellas Artes de Hamburgo. Realizan viajes a Sudamérica.

     1980: Profesor de la Johannes- Gutenberg- Universidad de Maguncia Alemania.

     1981: Fundación Hildesheim, Alemania, a la que dona 2800 obras.

     1982: Miembro de la Real Academia de san Fernando, Madrid.

  1. Profesor de la Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia.
  2. Premio de Roma, Villa Massimo.

     1993: Fundación Eberhard Schlotter de Celle, Hannover.

  1. Fundación Eberhard Schlotter de Altea.
  2. Medalla de Oro de San Carlos, Universidad de Valencia.

     2008: Gran Cruz de Mérito de Baja Sajonia, Alemania.

    En 1993, tras una larga enfermedad, muere su querida esposa Dorothea; en el 2014 fallece él, de muerte natural, a los 93 años. En Altea vivió más de 50 años y en ella realizó lo más importante de su obra.

     Schlotter está considerado uno de los mejores pintores y grabadores alemanes del siglo XX. Conoció a Picasso, Matisse, Joan Miró, Antoni Tapies, Oskar Kokoska, Guayasamín. Conoció, fue amigo y colaboró con Camilo José Cela en una edición especial, muy especial, de “El Quijote”. 

     En sus largos paseos por la Olla recuperaba toda aquella cantidad de desperdicios que el mar abandonaba en la orilla y que el artista utilizaría en su obra: cristales, botellas, latas oxidadas, maderas, cartón, plásticos y cualquier otro despojo que el mar arrastrase hasta allí. Compraron primero una casa rustica en la playa del Cap Negret, después comprarían una casa antigua en la ciudad, junto a la vieja muralla. Espero que os haya gustado este trabajo y hayáis disfrutado con la vida y obra de nuestro vecino Eberhard, un orgullo para todos haberle tenido entre nosotros, que haya descrito con tal arte y amor nuestro pasado, abriendo continuamente puertas al futuro. Gracias

     “Me enamoré de Altea y erigí mi nido en el antiguo muro de la ciudad, en medio de tanta humanidad.” Eberhard Schlotter 

     Obra consultada: “ Fundación Schlotter”,  “Eberhard Schlotter y Altea. Juan Bautista Galiana Ferrando. Revista de Festes del Santissim Crist d´Altea, any 2015”, “Biografía Eberhard Schlotter. Altea Mi Pueblo”, “Schlotter, el hombre que encontró el amor en la guerra y la paz en Altea. AQUÍ Medios de Comunicación”, “TouTube- MuseoCasaCervantes. El Quijote ilustrado por Eberhard Schlotter”

     José Rafael Moreno Amorós