CRONICIRITICAS VECINALES: ¿Dónde están las llaves?

La otra mañana durante el transcurso de una tertulia en el programa AIRE FRESCO de Gestiona Radio Benidorm, uno de los contertulios me preguntó “¿estamos amenazados con mas cronicríticas vecinales?” y le contesté: Sí. Y la amenaza, la admonición, el ultimatum, el aviso, se cumple en este momento. Mañana puede ser demasiado tarde.

 

De momento, repentinamente me parece que mis neuroconexiones  se entrecruzan incontroladamente. Al parecer la clave y solfas  de mi pentagrama se conmocionan  con  una antigua canción infantil cuyo estribillo “¿Dónde están las llaves?” tintinea insistente cual Tántalo musical. cambié la clave, cambié el pentagrama por el folio y leí: ¿Dónde están los Presupuestos? Quedó por unos momentos la pregunta en el aire. Presientí que algo fallaba en la pregunta y caí en la cuenta de cual era la verdadera cuestión. La pregunta no era la correcta, la correcta era: ¿Dónde están los Pospuestos? Y quedé mas tranquilo al comprobar mi equívoco, puesto que el prefijo Pre se refería a algo anterior, previsto que en este caso no había sido bien empleado, por lo que rectifiqué (sin ser sabio) y renombré con el Pos que es algo posterior, ulterior, que sigue y quedçe así neuronalmente mas tranquilo.

 

Y ¿dónde vamos a parar? Pues bien, vamos a parar donde estamos como de costumbre: Parados con los Pospuestos del Ayuntamiento de Benidorm. Nunca llegan a tiempo. El ejercicio anterior porque la culpa fue del Consejo Vecinal que hizo sus deberes tarde y retrasó todo el proceso, y este ejercicio ¿de quién es la culpa? ¿quién no hizo sus deberes?... Habrá que buscar un culpable, otro cabeza de turco, un inepto, un malongo... a alguien, en una palabra, para tratar de exonerar totalmente al verdadero culpable, que es... ese que todo pensamos pero que nadie se atreve a señalar, ¿o si?: El equipo de Gobierno y sus acólitos. Porque... visto lo visto, prefiero  llamar a las cosas por su verdadero nombre: en Benidorm no tenemos Presupuestos, sino Pospuestos. Al pan pan y al vino, vino. Siempre nos hacen llegar tarde.

 

¿Se ha parado el lector a pensar que el destino de los impuestos y las tasas que pagamos anualmente tiene un fin marcado por los Pospuestos? ¿Ha ido mas allá el lector, preguntándose que ocurre si no los paga a su debido tiempo, antes de finalizar el plazo que se fija semanas antes del final de ejercicio? ¿Ha seguido inquiriendo qué ocurre si persiste en su postura deudora y antisocial? Claro, lo sabemos, comienza su calvario con la penalización de los recargos y recargos y termina con el gólgota de la sentencia de muerte por embargo y venta en pública subasta de sus bienes por una misera cantidad que nunca llega a alcanzar  el valor real de lo embargado, para beneficio de algunos.

 

No cumples con tus obligaciones hacia los demás y te pasa todo lo que te pasa, te penalizan, te embargan, te minimizan y... te aguantas. En cambio, ¿qué pasa cuando los que manejan esos fondos no cumplen con su obligación de presentar en tiempo y forma unos  presupuestos? No pasa nada. Se convierten automáticamente en Pospuestos y aquí paz y allí gloria. Ni hay Calvario, ni hay Gólgota,  ni recargos, ni embargos, hay en cambio un sueldo sustancioso a final de mes.

 

No es justo, pero te aguantas y lo soportas como el tonto que trata de sumergirse con un submarino descapotable. No parece justo. ¿No es la justicia una virtud que tiende a dar a cada uno lo que le corresponde? Entonces no es que no parece justo el resultado de un comportamiento comparado con el otro, simplemente es que no hay justicia. Si como vecino estoy obligado a contribuir según mis posibilidades al mantenimiento, cuidado, enseñanza y vigilancia de mi sociedad, ¿a que está obligado quien no cumple sus obligaciones a la hora de distribuir el dinero que le confíamos? Hay que reconocer que en algunas ocasiones la confianza da asco.

 

De las dos partes incluidas en este conflicto -los que pagan y los que gobiernan manejando esos fondos- unos están en el punto de mira de la justicia, los otros parecen estar aislados en otro mundo distinto.

 

Pero siempre hay un parche posible para un descosido. El parche lo tenemos todos y cada uno para este tipo de rasgadura. ¡El voto! Utilizado como “veto” ante esa actitud inmoral y vergonzosa de no cumplir con su obligación tras haberlo jurado o prometido públicamente, dejándose llevar por la negligencia, holgazanería o pereza ante un trabajo que parece ser pesado cual losa de plomo, y todo ello a pesar de la experiencia de años que algunos de los componentes del equipo de gobierno (supuesto Buen Gobierno) deberían haber adquirido.

 

Hace mas quien quiere que quien puede, no obstante si por mucho que quieras no sabes, de poco te valen los buenos deseos. Los deseos de los gobernantes deben ser coincidentes con los de los gobernados en una sociedad estable. Ahora bien si el ansia por el poder y otras cicaterías de algunos nos dejan ciegos ante la realidad, se pierde el equilibrio social y llegamos todos a un final no deseado, gobernados, gobernantes y por supuesto el tonto del submarino.

 

Y como hemos llegado al final, me despido hasta la próxima cronicrítica vecinal. Y sigo preguntando ¿Donde están las llaves?. Eso sí, el submarino se hundió.

 

 

José Antonio Corachán Marzal

      Vecino de Benidorm