Catalán Chana: “Mi época como alcalde es fundamental para engarzar el Benidorm que venía con el que tenía que terminar siendo”
La historia del turismo en España no comienza en los aeropuertos modernos ni en los hoteles de la Costa Blanca. Sus raíces se hunden mucho más atrás, en la antigüedad, en un tiempo en el que viajar dejó de ser un acto reservado a exploradores o guerreros para convertirse en una experiencia que combinaba curiosidad, negocio y placer. Ese tiempo fue el de Roma en Hispania.
Cuando los romanos llegaron a la península, no solo encontraron un territorio diverso —costas mediterráneas fértiles, montañas abruptas, llanuras infinitas y pueblos de costumbres distintas—; encontraron también un espacio lleno de posibilidades. Y lo que hicieron no fue únicamente conquistar, sino conectar. En ese acto de conexión —a través de calzadas, ciudades, puertos y foros— comenzó a gestarse algo sorprendentemente cercano a lo que hoy entendemos como turismo.
Viajar en la Edad Media no era tarea sencilla. Las carreteras eran irregulares y peligrosas: bandidos al acecho en los bosques, lobos en los montes y guerras entre reinos dificultaban cada jornada. No existían mapas fiables ni señalización moderna, y cada viaje era una verdadera aventura que ponía a prueba el coraje y la resistencia. Sin embargo, miles de hombres y mujeres decidieron lanzarse a recorrer cientos e incluso miles de kilómetros para llegar a lugares remotos de Hispania.