Cambiar el rumbo es trabajo de todos
Leopoldo Bernabeu
Pedro Sánchez no ha dejado de crecer en la más repugnante de las miserias. Escala nuevos peldaños cada día y ya no son creíbles los que disimulan la mirada no queriendo ver esta aplastante realidad. Ni siquiera los suyos, principales culpables de que unas siglas con siglo y medio de historia estén a punto de convertirla en detritus. Vaya desde aquí un grito desesperado en busca de la cada vez más alejada salvación, el aullido de una esperanza que intenta llegar a tiempo buscando recuperar la lógica y el sendero de la historia de un partido que no merece morir en la cuneta del desprecio por culpa de quienes de él se aprovechan, blasfemando sobre su sagrado nombre y contribuyendo a incrementar su misera. Mi abuelo fue el presidente de los republicanos de Alicante y mi padre siempre fue votante socialista.
Quienes todavía votan a Sánchez en el congreso, aunque lo hagan con la pinza en la nariz, son los que hoy viven a costa de mantener su vergüenza oculta, conscientes de que escriben el epitafio de un partido al que deben lo que son y al que honran de una forma peculiar: manteniendo en la poltrona a quien más daño le ha hecho en toda su historia. Es un pecado que a ellos concierne. Sánchez sobrevive porque sus paniaguados lo permiten. Dejar morir al PSOE por miedo, es el resultado de una incapacidad manifiesta, traducida en pánico y convertida en desastre. La antesala del fin de un proyecto por el que tantos españoles lucharon, la gran mayoría enterrados y algunos incluso asesinados por quienes hoy controlan la escasa dignidad de unos socialistas que deberán dar demasiadas explicaciones cuando todo explote y se convierta en la nada.
Escucharemos entonces lamentaciones que nadie comprará, lágrimas de cocodrilo amortizadas. Lo saben, pero aguantan, porque en ello les va un sueldo y una comodidad que no han sabido ganarse de otra manera, laminando con ello el histórico pasado de quienes dejaron esfuerzo y vida en construir un proyecto que creía en el obrero y en los españoles. ¿Qué queda de esas cuatro siglas hoy?, sólo la primera, la p de partido, pero por la mitad y no como agrupación convertida en vomito que regurgita desde el más allá y que, gracias a dios, son lamentos que no logramos escuchar.
La España que madruga, que busca un futuro cada vez más lejano, la que no ve luz por ningún lado cuando intenta llegar a fin de mes, la que ve imposible pagar los más elementales gastos corrientes, la que ha perdido toda esperanza de ser propietaria de su vivienda, la que escucha como sus padres lo tenían todo gracias a su esfuerzo, la que ha tirado la toalla por la ventana, la que prefiere ser funcionaria a trabajar en la empresa privada, la que no quiere preguntarse como se van a pagar esas ayudas que ya cobra todo dios y que sitúa nuestra deuda en histórica... Esa España hace tiempo que dejó de ser socialista, porque esa ideología nada tiene que ver con lo que han escuchado, les han contado y con lo poquito que han leído, porque de haber estado mejor formados, habrían despertado antes. Esa España es la que hoy ve que son otros, esos que los “suyos” llaman extremistas, los que generan un mínimo de ilusión en el futuro irreconocible. ¡Cómo lo tienen que estar haciendo de mal quienes han gobernado España durante los últimos 50 años para que la juventud cambie, en menos de una legislatura, del PSOE a VOX, sin pasar por el PP!.
Pedro Sánchez se ha reído demasiado de los españoles, de todos, de los suyos los primeros. Desde bien temprano supo que podía burlarse sin consecuencia alguna. Mentir como un bellaco, día y noche, día tras día, nunca fue motivo para bajar su suelo de adeptos. Ni David Copperfield lo hubiera mejorado. Decir que su relación con Koldo era anecdótica, demuestra la catadura moral de un personaje capaz de denostar a quien le cubrió la espalda cuando lo necesitó. Decir que a Ábalos apenas le conocía a nivel personal, es equiparar a “Jack El Destripador” con un aprendiz de matarife. Sin José Luis Ábalos no existiría Pedro Sánchez. Nunca hubiera cogido su Peugeot, menos aún recorrido España, en absoluto haber ganado unas primarias y ni de broma habría aspirado a ser jamás presidente del Gobierno. Decir eso de los dos hombres que hoy duermen en la cárcel por haberse mantenido leales, es confirmar al pueblo español que estamos en manos de un miserable, de un vende patrias, de un peligro con piernas.
Si no nos conduce al matadero de la dictadura es porque España es hoy un país europeo del primer mundo, en África o Sudamérica sería Faraón desde hace años. Sólo nos faltaba leer que el PRI mejicano le ha denunciado porque utiliza la internacional socialista en favor propio. Demasiado han tardado en darse cuenta. Mantengo y reafirmo que estamos ante la máxima representación de la Triada Oscura, un perfecto psicópata, un maquiavelo y un narcisista. El problema no lo tiene él, lo tenemos los demás, y se hace imprescindible que cada uno de nosotros haga pedagogía si queremos salvar lo que nos queda. Tenemos deberes, hay que hacer ver a quienes todavía caminan obnubilados, ese estado de conciencia alterado con disminución de la alerta, que su magia negra es similar a la del Flautista de Hamelin, avisándoles para que abandonen con celeridad la fila de las ratas que les conduce, y a nosotros con ellos, al precipicio. Mientras eso llega, disfruten de lo votado.