Alfredo Agulló: “La comunidad Valenciana es la única autonomía que mantiene los sábados obligatorios en atención primaria”
El verano vuelve a vuelto a exponer las grietas de la sanidad pública en España. Con la llegada de las vacaciones, hospitales y centros de salud han sufrido recortes de personal, cierre de camas y falta de planificación efectiva por parte de muchas comunidades autónomas.
En 2024 se dejaron inoperativas más de 10.000 camas hospitalarias, una tendencia creciente según datos del SATSE que se ha vuelto a repetir en este 2025. Este verano, regiones como Madrid, Catalunya, Galicia y Andalucía repiten el patrón con unidades cerradas, listas de espera en aumento y profesionales al límite.
El impacto no es solo estructural, también humano. El personal sanitario denuncia sobrecarga, ansiedad y frustración al no poder atender en condiciones dignas. En Andalucía, muchos trabajadores “salen llorando de sus turnos”. En Euskadi, Asturias o Castilla-La Mancha la falta de sustituciones multiplica el estrés laboral. Además, la falta de transparencia institucional agrava el malestar. El deterioro no es casual. Urge una apuesta política real por valorar el sistema público, garantizar recursos y crear entornos seguros para quienes lo sostienen. Cuidar a quienes cuidan es defender un derecho esencial: la salud pública con equidad y dignidad.
Llegar al médico de cabecera en pleno verano se ha convertido en una verdadera odisea para miles de españoles. No solo por el aumento de población en determinadas zonas turísticas, sino por la falta de personal sanitario, la reducción de servicios y el cierre temporal de infraestructuras clave. El parón estival no solo ralentiza la atención a los ciudadanos, sino que aumenta la presión sobre los profesionales que siguen en activo. Mientras miles de ciudadanos esperan una cita o una operación, los sanitarios denuncian que las sustituciones solo cubren una parte mínima de la plantilla. Ese desfase entre las necesidades reales y los recursos disponibles provoca jornadas agotadoras, estrés acumulado y un deterioro de las condiciones laborales.