Alberto Varela: “Nadie se alegra de una desgracia, pero la guerra en Oriente le va a venir muy bien a la Semana Santa turística en España”

El principal impacto de la guerra en el sector turístico se está produciendo en el transporte aéreo. Oriente Próximo se ha consolidado en las últimas décadas como una de las grandes autopistas del cielo entre Europa y Asia gracias a los gigantescos hubs de Dubái, Doha o Abu Dabi. Aproximadamente un 35% del tráfico entre Europa y Asia pasa por esos aeropuertos. Cuando alguno de esos corredores se ve restringido, las aerolíneas deben reorganizar rutas, lo que encarece los billetes y complica la recolocación de pasajeros.

El mercado está en shock, y predomina la incertidumbre, sostienen desde las hoteleras. En el sector hotelero, el efecto es, por ahora, moderado. Las cance­laciones del Mobile han sido puntuales y no han alterado las previsiones de ocupación. Las reservas para los próximos meses siguen en línea con lo previsto, aunque empiezan a detectarse consultas sobre condiciones de cancelación en viajes organizados. 

Más allá de las disrupciones logísticas, el conflicto también está influyendo en la percepción de seguridad de los viajeros. Esta percepción es un activo extremadamente estratégico, pero también muy frágil. Las primeras señales apuntan a un desvío de la demanda hacia destinos considerados más estables. Muchos viajeros europeos optan por permanecer más cerca de casa y priorizan países mediterráneos como España, Italia, Grecia o Portugal. Fuentes de Ryanair, la primera aerolínea europea por pasajeros, confirman asimismo un aumento de la demanda para volar a estos países para Semana Santa.