Alberto Varela: “Es un error colosal hacer culpable al turismo de los problemas causados por la nefasta ley de vivienda”
El crecimiento del turismo en España nos sitúa ante la necesidad de discernir si la aceleración cuantitativa de la oferta y las infraestructuras es compatible con la capacidad real de soporte ecológico, social y territorial de los destinos.
Con los datos recientes de FRONTUR, la meta simbólica de los 100 millones de turistas internacionales anuales ha dejado de ser un horizonte lejano para convertirse en una realidad inminente. Sin embargo, la cuestión clave no es constatar este hecho, sino examinar con qué modelos y cifras prospectivas se trabaja a más largo plazo.
Según las proyecciones de la Organización Mundial del Turismo, los flujos turísticos mantendrán un ritmo de crecimiento medio anual de entre el 3% y el 4%. A escala española, las proyecciones elevan la cifra a una horquilla de demanda potencial de entre 110 y 125 millones de turistas anuales hacia el horizonte 2035-2040.
Para responder a este impulso es imprescindible conocer qué fuerzas lo generan. ¿Por qué la gente viaja cada vez más? El fenómeno responde a una conjunción de factores económicos y sociológicos. Por un lado, los modelos “low-cost” en el transporte y la digitalización han reducido drásticamente las barreras de acceso. Por otro, el crecimiento de las clases medias en economías emergentes ha incorporado a cientos de millones de nuevos consumidores al mercado del ocio a escala global.
Pero también existe una dimensión sociocultural determinante: el paso de una economía basada en la posesión de bienes materiales a una economía de la experiencia y la identidad digital, donde el viaje se ha transformado en un consumo primario y en un marcador de estatus social. Además, el aumento de la esperanza de vida con niveles de salud y renta sostenidos en áreas senior, amplía la ventana temporal para viajar a lo largo de la vida.