Agustín Almodóbar: “He escrito este libro precisamente por mi experiencia en el sector, siempre he notado su falta de visibilidad”

Galicia y Santiago de Compostela, donde se  veneraban los restos del Apóstol Santiago, fueron uno de los primeros capítulos de lo que hoy conocemos como Turismo. El impulso no era solo religioso. La idea de acercarse a lo sagrado, obtener indulgencias y vivir una experiencia única se convirtió en un motor tan poderoso que superó las dificultades de la época. 

Lo que comenzó como un acto de fe pronto se transformó en un fenómeno cultural, económico y social: el primer gran turismo internacional de Europa. La ruta europea hacia España, El Camino de Santiago, no fue solo una ruta española, fue una  arteria que conectó a toda Europa. Peregrinos procedentes de Inglaterra, Alemania, Italia y, sobre todo, Francia cruzaban los Pirineos y se adentraban en la península, transportando consigo lenguas, costumbres y relatos. Esta mezcla de gentes convirtió al Camino en una auténtica Torre de Babel medieval. 

Albergues, tabernas, mercados y hospitales se llenaban de acentos extranjeros. Cada parada ofrecía oportunidades para intercambiar historias, canciones, recetas, técnicas artesanales y conocimientos médicos rudimentarios. El Camino fue también un catalizador cultural: España se convirtió en un cruce de caminos europeo, donde se difundían lenguas, artes, música y creencias. Muchos historiadores coinciden en que esta convivencia fue un germen temprano de la idea  de Europa como comunidad cultural.