20° Día del Camino del Sureste 3° del Camino Sanabrés Benidorm - Santiago de Compostela Mombuey - Requejo 44 kilómetros

Es imposible crearme composiciones de lugar en el Camino. Nada tiene que ver lo que pienso al empezar y al finalizar cada etapa. Nada. Por medio fluyen ideas de todo pelaje. Desde hacer un bestseller del día hasta no escribir absolutamente nada por lo mosqueado que, en determinados momentos, puedo llegar a estar. Son las cosas del Camino. O las dominas o te dominan. El 95% de la poca gente con la que he hablado viene en plan vacaciones, a disfrutar, a recorrerlo sin prisa. Supongo que tienen razón. Lástima que a mí nadie me haya enseñado la técnica.
Con lo largo y lo duro que es, no contemplo otra fórmula que la de ganarle la partida a alguien con quien la tengo perdida de antemano, el Camino. Nunca voy a llegar antes porque él estaba, está y estará siempre ahí, el invitado soy yo. Pues aún así, mi objetivo es llegar. No me cierro a disfrutar, fotografiar, pensar, escribir y tomar algún buen café, pero sin despistarme de la propuesta principal, llegar a Santiago en el menor tiempo posible. Entre otras cuestiones porque no soy animal de levantarme tarde y estar demasiadas horas en un albergue al día siguiente.
Mombuey ha sido un buen lugar de parada y fonda. Ha cumplido con todos los preceptos para estar en la quiniela de recomendable. Empezando por las dos Teresas, amables y resolutivas como ellas solas, siguiendo por la compañía con la que disfruté aprendiendo, y terminando por los estupendos servicios del pueblo. Un pack muy completo.
Pero como todo en la vida, lo bueno también es efímero. Llegué el primero al albergue, 15 minutos después ya estábamos alojados los 5 que hemos pasado la noche, lo de dormir lo explico luego. Ducha, cama, lavadora y a comprar comida. Que además vino con premio, gafas para ver el dichoso eclipse por gentileza del ayuntamiento. Muchas gracias.
Y así fue pasando la tarde. El resumen lo tienes en el artículo de ayer, hasta que lo publiqué, el resto no lo conoces: contesté todos los mensajes que me dejáis en cada artículo de Facebook hasta que fueron las 20.25 h. Gracias a todos los que seguís esta aventura. Salí del albergue y me senté en la puerta de la iglesia con mis gafas eclipsadas. Acerté. Había peña hasta con tortícolis de tanto mirar donde no había nada que ver. El menda lerenda pudo ver el famoso eclipse en su plenitud sólo 9 minutos después. El momento exacto valió la pena, lo reconozco.
Y de ahí, a la cama, por varios motivos. El principal ya lo conoces, el de cada día. El otro, el puntual: la previsible fiesta de ronquidos. Se me apareció de nuevo el Apóstol. Rafa, que había amenazado con ser hermano de un oso, no fue para tanto. Johan, que no supo decir en alemán que el oso era él, se fue a las fiestas del pueblo y no apareció hasta las 3 de la mañana, hora fatídica para que ninguno pudiese volver a surcar las lindes de Morfeo.
Mi suerte, al menos relativa, es que el despertador sonaba a las 4.10 h. Me metí en el aseo para no contribuir a la orquesta Mondragón. A las 4.35 estaba enviando el enlace a los míos: inicio de etapa. De nuevo el apóstol me acompañó. Le pedí que por favor me diese un sendero amplio hasta que aclarase algo el cielo. No sólo me lo dio en su máxima expresión, sino que me ofreció sin coste butaca de primera fila en el mayor espectáculo visual que he visto hasta hoy.
Más de 40 ciervos, algunos más altos que yo y con una cornamenta de pared de marqués, he llegado a contar en las primeras dos horas de camino. En plena noche. No sólo veía sus ojos como faros, sino que se acercaban sin miedo al no entender que era esa luz que les iluminaba. El primero de ellos, en mitad de la carretera nada más salir del pueblo, luego dos juntos, tres, y así hasta cruzarse delante mía una manada de más de 15 preciosos ejemplares. Uno incluso, en mitad de una calle perdida, hizo ademán de acercarse a comer en mi mano. Que espectáculo tan enigmático y sensorial en mitad de la noche.
Todo ello salpicado por unas estrellas fugaces tan luminosas que deslumbraban. Algo que sólo es posible en agosto, sin luna y recorriendo bosques en mitad de la noche. Todo esto compensa el Misterio y la Incertidumbre que generan las horas de soledad y silencio en mitad de la penumbra.
Fue un acierto irme a la cama tan pronto. El podcast de "Caverna de Ánimas" es el bálsamo necesario para cruzar el limbo. Rafa y los dos ciclistas se han levantado casi a las seis, presupongo que Johan seguirá con la oreja pegada a la almohada. Que bestia parda roncando. Insufrible. La noche completa oyendo en la lejanía la música del baile en el pueblo, ha sido una suave brisa comparada con el huracán del norte de Europa.
No había luna. Casi es normal, la pobre estaría acojonada con tantos millones de incrédulos mirándola anoche embobados. Espero que pronto se le pase la vergüenza, como a todos se nos pasará la paranoia, y vuelva a lucir su resplandor en la noche. Falta me hace.
Dos noches seguidas siendo 5 los que compartimos albergue, y esta será la tercera, aquí en Requejos, donde he llegado casi una hora después de lo previsto. Y es que te dicen que la distancia es una y al final el cronómetro dice lo contrario. Ya debería haberme acostumbrado.
El caso es que anoche estábamos todos en el mismo habitáculo, a diferencia de Santa Marta de Tera y hoy repetimos escenario. Esperemos que no haya ningún suicida agazapado.
Tengo que dar las gracias a Rafa en Mombuey, como a Juan en El Villar de Don Fadrique y Juan Jesús en Ávila, por haberme ayudado a poner la lavadora. Soy un negado para algunas cosas. Hoy he vuelto a empezar la jornada oliendo a suavizante. La alegría dura poco en la casa del pobre, por eso hay que saborearla todo lo que se pueda.
Es curioso lo que hago mucho últimamente, seguro que te reirás, pero beso mi linterna frontal y mi móvil. No es ninguna chorrada, sin ellos dos esta batalla sería imposible de ganar. ¿Te imaginas quedarte sin luz en mitad de un bosque a las 5 de la madrugada? ¿O sin batería en el teléfono? Se están portando como leones.
El Camino es uno al empezar y otro al terminar. He de dejar, permitirme, que pasen un par de horas para que no sea el final de la etapa quien tanto influya y condicione mi diario, no sería justo. Por enmedio pasan muchas cosas, y sólo la llegada del calor asfixiante hace que todo coja otro sabor, mucho más amargo.
Haber salido con un cafetazo en el cuerpo que compré la tarde anterior, ha cambiado toda la perspectiva. Empezar así es como la noche y el día. Pararme cuatro horas después en el Bar Mirador y ver el show de Cristina, ha endulzado un poco más el Camino. Excelente café y magnífica forma de leer la cartilla a todos los clientes que de buena mañana se amontonan en la barra, sin otra cosa que hacer que atosigarla. Menudos cojones.
A partir de ahí ha empezado otro Camino. Parece hecho aposta. Se han cumplido mis deseos, ¡pues ahora te toca sufrir, querido Leo!.
Diferencias importantes entre las flechas y el Wikilok empiezan a tocarme las narices. Decido pasar la Puebla de Sanabria por fuera e ir por la carretera hasta enlazar con el Camino a su salida. Pero no es fácil aclararse en este tramo. Y mi amigo Fernando me dice que al loro porque él la lió en el final de esta etapa. "A perro flaco, todo son pulgas", todo suma...
Algún erudito se ingenió que había que ir saltando a un lado y otro de la carretera, como el tonto que se dedica a tapar o cambiar flechas, y donde el GPS te indica que quedan 11 kilómetros, terminas haciendo casi 15, bajo el calor de las 13 h y, de nuevo, viéndome en mitad de un inmenso rebaño de ganado, con cuernos de película, sin escapatoria ni alternativa. Si vieras lo manso, dócil, silencioso y disimulado en que me convierto, te estarías riendo dos días. Acojonadito.
A todo eso, me parece escuchar a una señora llorar, retrocedo con cuidado y, alucina, era un perro. Mejor. Pasar por el cementerio de Terroso y dar con una fuente de agia fría, ha compensado algo el desbarajuste final.
Llego al refugio de peregrinos y me encuentro con una confundida y simpática madrileña de nombre Rebeca. Toda una historia de superación la acompaña. Valiente, ha hecho eso que a todos nos gustaría pero no nos atrevemos: liarse la manta a la cabeza y vivir un puñado de años en la India. Me lo ha contado todo mientras comíamos. He llegado 10 minutos después que ella y ambos hemos encontrado la puerta abierta y sin llave. Pues vale. Para dentro y a ducharme. Hasta 20 peregrinos caben aquí. De momento somos 5. Parece mi número fetiche del Sanabrés. De Mombuey repite Rafa y se añade una pareja de polacos. Sólo me entienden cuando les cito a Lewandoski.
Me aprovecho de la experiencia del vasco y a él, que lleva más de 10 pasos por el Sanabrés, le pido que me recomiende para mañana. "Si vas a salir de noche, sube el Podornelo por la nacional. Arriba, al pasar el túnel, ya enganchas con el Camino", me dice. Tiene razón, hacer 9 kilómetros de senda sin ver nada, tiene poco sentido. Pues así lo haré.
20 días de Camino, por encima de los que hice el año pasado. Todo nuevo desde hoy. 909 kilómetros recorridos y 237 para llegar a Santiago. Con un superávit de 199 euros y eso que hoy, de nuevo, me he permitido un menú de 20 euros y nos han cobrado 12 euros en el albergue, nada de donativo. Habones de Sanabria y carne estofada. La mitad me lo he traído en un tuper para esta noche que, junto a lo que sobró ayer, seguro que resuelvo la jornada y el presupuesto de hoy no da para más.
Sé feliz, haz todos los esfuerzos que puedas por conseguirlo. No te olvides que estamos de paso y tenemos fecha de caducidad.
Un abrazo de un Peregrino de Benidorm.