19° Día del Camino del Sureste 2° Día del Camino Sanabrés Benidorm - Santiago de Compostela. Santa Marta de Tera - Mombuey 37 kilómetros
Hace varios días que inicio el Camino con la duda de que escribir hoy. Es fruto de ese mal periodismo que necesita trufar la realidad, cuando no directamente inventarla. Pero llega la hora de sentarme para redactar y son tantas las reflexiones que circulan por mi cabeza y las anécdotas que han sucedido a lo largo de la jornada, que el problema se da la vuelta como un calcetín, al estilo de mis programas en LEO RADIO, y lo que toca es destacar en un papel en blanco, lo que de verdad voy a contar y descartar lo que deberá quedarse en el tintero por esta vez. Un folio lleno de apuntes. Que locura.
Y es que hoy, hoy han pasado muchas cosas y otras tantas que cumplen su día. Y, gracias a Dios, ninguna tiene que ver con el eclipse, que menudo papelón le está haciendo a algunos.
He entrado en una nueva fase del Camino, algo parecido a La Puerta de Narnia. He pasado casi la mitad de la jornada con lágrimas en los ojos recordando situaciones que ya no podré cambiar. Mi Dori guapa cumple 4 anitos y yo cumplo 19 días de Camino, que son los que tardé en completar el pasado año mi primera expedición jacobina haciendo el Francés. Por lo que a partir de mañana, todo es nuevo, incluso la barba, que nunca se ha mantenido conmigo más allá de esos mencionados días.
Llegué ayer a Santa Marta de Tera con más de 60 kilómetros en las piernas y sin albergue confirmado. Será casualidad, pero sólo me ha pasado en las tres ocasiones que he recorrido esas distancias, "burradas" para algunos de los que me aprecian de verdad... De nuevo, sin problemas. La gente de estos pueblos sabe lo que es el Camino y el sufrimiento de los esforzados peregrinos. Casi cualquiera te atiende y resuelve la situación, como así fue. Un albergue muy bien preparado, de los más profesionales que he encontrado, con un coste de 5 euros y con Isabel y Johannes dentro.
Dos peregrinos juntos, que al final de la tarde fueron cuatro, después de 18 días. Ha habido momentos en los que he pensado que llegaría a Santiago sin ver a nadie. Ese maleficio se ha hecho trizas, hoy somos cinco en Mombuey, incluido Rafa el vasco y dos potentes ciclistas que vienen desde la tierra de Lale Cubino. Pero esa será otra historia...
Santa Marta es el único lugar donde poder dormir si vienes de terminar el Camino del Sureste por Benavente. De ahí los 60 kilómetros, no porque me apeteciera hacerlos. Salí de Villalpando y llegué a Benavente con 30 caminados a las 8.50 h de la mañana. Pero esto ya lo sabías.
Decía que Santa Marta está bien, pedanía minúscula con una iglesia y un cementerio muy bonitos, y con mucha historia a sus espaldas, pero si quieres comprar algo para comer, otros dos kilómetros hasta Santa Croya de Tera y volver...¿te imaginas que alegría volver a caminar a esas horas del mediodia y después de la colosal paliza? ¡Sería este un extraordinario método para ponerse a dieta...!
La noche también fue muy distinta. Tanto que cuando me quise dar cuenta era las 21'45. Menudo susto. Hace casi un mes que mo me acuesto después de las 8. Supongo que el culpable fue el buen ambiente que se creó entre los 5 tertulianos... ¡Y para que nos vamos a engañar! Saber que al día siguiente serían sólo 37 kilómetros de etapa, también ayudó a destensar la presión.
Lo dicho. Son las 5 cuando suena el despertador. El día que más tarde me he levantado hasta hoy, y que más tarde he salido, a las 5.30 h. Ha sido salir del albergue y entrar, como aquel chaval a través de la puerta de su armario, en Narnia. Dos mundos distintos, dos Caminos distintos, ¿dos países distintos? Increíble el cambio. Ayer hubo algún amago, hoy una abosluta realidad.
Hay muy poca luz, más bien nada. He salido tarde pero sigue siendo de noche, y en dirección oeste y hacia el otoño, cada día un poco más. A eso hay que añadirle las hileras de altísimos árboles que ciegan la poca claridad que pudiera traspasarlos, pero que adelantan la magnitud de la belleza que disfrutaré en cuanto la primera claridad anuncie su presencia por el este, aquella lejana tierra mediterránea desde la que yo vengo, cuál hidalgo en busca de su Dulcinea.
Bosques de árboles gigantes se dan el relevo con enormes plantaciones de maíz y frondosos manzanos con la fruta pidiendo a gritos que la comas. Han cogido el testigo de las viñas, los almendros, los pistachos y los inabarcables campos de trigo que he sorteado, cuál Quijote viendo molinos, durante un buen puñado de días. Lo pienso con calma y parece que todo eso pasó hace un mundo, pero tú eres testigo a través de este diario que no, que pasó hace apenas dos semanas.
La percepción de las cosas, la forma de vivirlas, la intensidad que imprimas a tu vida, el sacarle partido a cada día convirtiéndolo en único...y separarte de la rutina.
De ahí mis lágrimas de hoy. Por momentos tenía que quitarme las gafas para ver el Camino y no tropezar. Sólo, caminando sin parar, y sacando a través de la desesperación lo que ya nunca podrá ser. ¿Porqué no estuve yo cogiendo la mano de mi padre en su última noche, como si cogí la de mi madre hasta el último suspiro?, ¿porqué no le dije a mi perra cuanto la quería y que no tuviese miedo, una vez más, antes de ahorrarle un minuto más de sufrimiento? Qué cruel es la vida en estos casos. Crees que lo has hecho lo mejor posible, pero lo que te persigue hasta el confín de tus recuerdos, son esos putos momentos en los que algo falló.
Hoy ha vuelto la magia. Y me acordaba de mi amigo Carlos de la Casa del Camarero. Él fue quien me explicó que llega, siempre llega, que no tenga prisa ni la busque. Llegó el año pasado y ha empezado a llegar este. Es cierto.
Bueno, el caso es que se acabó la meseta y ha entrado el verde de los bosques. Y de repente, de tanto mirar omnibulado, los pies de agua hasta el tobillo. ¿Dónde está el problema? Pensar en Lazaga me relaja mucho. Sus vídeos con los pies de agua y barro hasta el tobillo, son un magnífico aprendizaje.
Me despedí de Isabel y Johannes al salir del albergue. Dos personas, dos mundos, dos historias que parecen una cosa al entrar y son otra al salir. A mi edad, me es imposible no analizar, pero me lo quedo para mí. El caso es que el chino-alemán me pasó como una flecha al empezar y 28 kilómetros y casi seis horas después, sentado en el único bar abierto de todo el recorrido, entró a tomar algo cuando ya me marchaba yo. ¿Se habrá equivocado de ruta? Lo hablaré con él en el albergue de Mombuey, por que hasta allí va también. Pero me ha hecho reflexionar.
Catalogamos de hazaña lo que yo estoy haciendo y a mí de valiente. Muchas gracias, de verdad. Pero no lo veo así. Todo es muy subjetivo. Recuerdo un surcoreano que hacía el Camino el año pasado y ahora descubro que Johannes salió hace 25 días desde Sevilla por la Vía de la Plata. ¿Te irías tú a realizar algo parecido a China o Corea, solo y sin entender el idioma? Seamos sinceros, yo no. Estos sí que son unos tipos valientes.
He disfrutado de una etapa más tranquila, con un sube y baja constante, muchísima agua a mi alrededor, el caudaloso río Tera, el embalse de Argalanza, la larga ruta que lo ha bordeado...todo eso hasta llegar a Mombuey, pueblo turístico que se entrega hoy, como toda España al eclipse que acabará con el mundo y evitará que mañana tengamos que ir a trabajar. Es más, ni este artículo podrás disfrutar... Pequeños pero monumentales pueblos, gentes muy amables...el Sanabrés empieza con muy buen sabor de boca.
Quedan 278 kilómetros hasta llegar a Santiago y creo que voy a disfrutarlos. El billete de tren de vuelta lo tengo, haciendo cálculos, para dentro de una media de 30 kilómetros diarios, por lo que o piso el freno, me adelantan el billete o me paso unas mini vacaciones con el Apóstol. ¿Tú que opción elegirías?
Y aquí estoy, sentado en un colchón en medio de la calle. Te lo explico. Con cuatro osos esteparios en el albergue, el silencio sólo lo encontraría en otro lugar. Me he salido, me he sentado en la acera y una mujer que me veía escribir, alucina, me ha sacado un colchón y me lo ha ofrecido mientras construyo este episodio. ¿Vas entendiendo a lo que me refiero?
Obviamente se llama Teresa, igual que el otro arcángel que me ha recibido con los brazos abiertos cuando he llegado al albergue, que por cierto es pequeño, pero muy coqueto y arreglado. Gracias a las dos Teresas y al pueblo de Mombuey.