18° Día del Camino del Sureste y el Sanabrés. Benidorm - Santiago de Compostela Villalpando - Santa Marta de Tera 60 kilómetros
Apunto de que llegue esa nueva fecha destinada en el calendario a entretenernos a todos, a mi no me eclipsa en abosluto y prosigo mi camino. Me preguntaba, entre otras muchas cosas entre el griterío ensordecedor del silencio de la noche, ¿que es el Camino de Santiago?. Caminar un puñado de horas a diario, primero en tensión absoluta por la oscuridad de la noche y al final agobiado por el extremo calor del mediodía, permiten esa y mil reflexiones más. Garantizado. Con decirte que en determinado momento me he llegado a enfadar conmigo mismo por tanto pensar, creo que te resumo el sentimiento. Me resulta agotador querer arreglarlo todo.
El Camino es aquello en lo que tú quieras convertirlo. Nada tiene que ver mi aventura con las de Álvaro, tampoco con las de Fernando, en nada se parecen a las de Mariano y mucho menos a las del valiente Urko. Pero tampoco tienen nada que ver con las de otros amigos que me las han contado e incluso los Caminos que ha hecho Verónica con sus amigas. Es más, la mayoría de ellos me llaman de todo por las "burradas" de kilómetros que hago a diario. Y claro, mi deducción es que serán burradas para ellos, para mí es la forma de entender esta historia.
Fíjate. Hoy es el primer día de los 18 que llevo caminando, que coincido con dos peregrinos en el albergue, que al final han sido cuatro. Silencio casi sepulcral que se rompe sólo tímidamente y muy de vez en cuando. Supongo que es por culpa mía, ¿soy poco sociable o me he acostumbrado a estar solo en los albergues?
Hace días que he superado el ecuador de todas las fases de esta peregrinación. Hoy, por ejemplo, he superado los kilómetros que hice el año pasado en mi primer Camino, el Francés. Recuerdo entonces la incertidumbre que me acompañaba en sus primeros días y los prejuicios con los que tuve que lidiar. Falta de personalidad muy propia de esas ocasiones, es como realmente se apellida el concepto. Los célebres del lugar advertían que se debían emplear 33 días en recorrer esos 780 kilómetros que separan Sant Jean Pie de Port y la catedral de Santiago. Los completé en 19 y porque me atenazó en demasía el cúmulo de advertencias que llevaba en un zurrón del que se fueron evaporando a la misma velocidad que el peso de más, los "por si acaso" con los que empieza cualquier inexperto. Mi hermano Iván en Sansol se quedó con casi media mochila.
Y aquí estoy, escribiendo este diario desde el majestuoso albergue de Santa Marta de Tera, después de haber dado por finalizada mi tercera gran "burrada". Y eso que prometí en Almonacid, y tú lo sabes bien, que nunca más se volvería a repetir. Pues ya van tres. Menos mal que no me quedan días para una cuarta. ¿O sí?. Todo hay que decirlo, han sido tres etapas muy distintas entre sí. Prometo que para esta me había mentalizado de manera muy concienzuda. Por eso ha salido perfecta.
Me he levantado antes que nunca. Ayer fue un día curioso. Feliz por ver el trato que me dieron en Villalpando. Ojo, de tal nivel que no tuve ni que salir del albergue. Y raro porque avanzaban las horas y no conseguía saber donde depositaría mi mochila esta noche. Rebeca de Mota del Marqués y su amigo Domingo de Santa Cristina de la Polvorosa, hicieron lo posible por ayudarme. Pero nada. Entre Benavente y donde estoy, un páramo. ¿La solución?, la calle de enmedio habitual mía. Manta a la cabeza y 60 kilómetros otra vez.
Es cierto que no quise decir nada a nadie porque todavía resuenan en mi mente los ecos de la salvajada de Toledo. Ese miedo, muy positivo, me persigue. Por eso hoy me he levantado antes que nunca, a las 3, y 25 minutos después, con un buen café en el cuerpo, estaba en marcha. Paso firme y decidido. Tenía objetivos que cumplir.
El primero, cruzar Benavente, 30 kilómetros después, antes de las 9. No iba a ser fácil, pero lo he conseguido, y además con truco de Escudero y atajín de Lazaga. ¿Cómo me iba a quedar en un lugar al que había llegado antes de que saliese el verdadero sol? Era mi excusa interior, la que batalla contra las dudas y que ha ganado ese primer roung.
Salgo del bar con mi café solo dando guerra y me acuerdo de mis amigos de Manizales, en Colombia, donde he estado dos veces. El camarero era colombiano y me contaba detalles del Terremoto. Allí se ha caído, entre otras muchas catástrofes, parte de una torre de la iglesia más alta de Colombia. De buena mañana, mi contacto me enviaba vídeos y fotos. Es muy poca la información que nos llega. Sucede igual que en Venezuela. Sólo con el transcurso de los días iremos conociendo la verdadera dimensión del drama.
La primer imagen al empezar la jornada era un fabuloso coche fúnebre con su correspondiente féretro que pasaba delante de mis narices. Un Mercedes blanco precioso. Descanse en paz.
Y con esa imagen salía de Villalpando para adentrarse en la noche más oscura vivida hasta hoy, nada de luna por ningún lado.
Enfilaba el paso hacia Cerecinos de Campos. Curioso, estuve aquí comiendo en una de mis rutas con la Autocaravana. Y curioso también, un muchacho baja de su coche a una chica y se marcha mucho antes de que ella abra la puerta de su casa. Con la pinta que tengo a esas horas, yo no habría actuado así con mi pareja. El romanticismo pasa por malos momentos.
828 son los kilómetros que acumulo y 318 los que me quedan hasta Santiago. He puesto el punto y final al Camino del Sureste y enlazado con el Sanabrés, a su vez una de las rutas finales de La Vía de la Plata. Los cuatro peregrinos vienen de hacer ese ramal. Isabel es una chica burgalesa con mirada felina, que ha decidido dar ungiro a su vida. Escucharla es aprender. Johannes, un chino que nos quiere hacer creer que es alemán, es un tipo muy divertido. De esos que pierde los ojos cuando se ríe, y se ríe sin parar. Reírse y roncar son las dos cosas que hace de maravilla. Es lo que tiene compartir.
La imagen más curiosa de la noche me la he encontrado en un giro inesperado de cuello y comprobar que eran cientos de ojos los que me observaban. Ponerse nervioso no hubiese solucionado nada. Al acercarme he visto como decenas de ovejas estaban mucho más asustadas que yo.
Mi cerebro es una montaña rusa. De la misma manera que en una etapa de 60 kilómetros y casi 12 horas, decido tirar la toalla un promedio de entre 5 y 10 veces, otras tantas, piensa que, si estoy bien, cuando llegue al destino, puedo continuar y seguir batiendo mis registros. Tengo que recordarle que no competimos contra nada ni contra nadie.
He pasado del wklikok de Álvaro "profesor" Lazaga, al de Fernando "El sereno" Escudero. Tiene muy bien trabajado el Sanabrés. Junto a la web de Gronze, empieza otro Camino y otros métodos. Espero poder ir contándolo.
Y vaya que si se ha notado. Nada tiene que ver llegar hasta Benavente desde Villalpando, que salir de allí hasta Santa Marta de Tera. Nada. Los paisajes y los senderos cambian como la noche y el día.
Quedaban otros 30 kilómetros y no había un minuto que perder. Me conozco. Lo bien que vas en el 35 no debe engañar a la experiencia. A partir del 50 empezará el calvario, como así ha sido.
Quería tomar algo, pero no había donde, y avanzaban los kilómetros. El café, la tostada y el agua, me los he podido pedir en el único bar en todo la ruta, a escasos 10 kilómetros del final. Y además lo he hecho minutos después de haber tirado la mochila al suelo, quitado las zapatillas y metido los pies en una enorme cequia que bajaba de agua fría hasta arriba y que me ha revivido pies y piernas. Toda una combinación seguida que ha salido a pedir de boca.
Pues ni con esas puedes confiarte. Los últimos 11 kilómetros han sido caóticos. Vueltas tontas, campos sin segar, insectos de todos los estilos y un calor que lo encendía todo. Infernales. Leo, me he dicho, no te desconcentres a tan poca distancia de la meta.
El albergue de Santa Marta y la compañía que tengo, bien vale este día. Claro está, todo eso después de tener que recorrer otros dos kilómetros para poder comprar algo en algún lado.