17° Día del Camino del Sureste Benidorm - Santiago de Compostela Mota del Marqués - Villalpando 39 kilómetros

Diecisiete días caminando. Cuesta mucho superar el primer minuto al despertar. Creo que ya no lo pienso, no le doy las vueltas de hace una semana. La capacidad del ser humano no tiene límites, y no es ninguna frase para quedar bien. Me lo demuestro con evidentes hechos y me limito a traerlo a este diario para que, cuando algún día lo repase recostado en algún sofá pensando lo cuesta arriba que se me está haciendo cualquier situación, lo recuerde.
Levantarse cada día antes de las 4, en un lugar desconocido, solo, sabiendo que te enfrentas a un puñado de horas caminando, primero en el silencio de la noche y después bajo el calor abrasador, y cargado con una mochila, es algo que, en condiciones normales, no sólo no lo harías sino que apostaría fuerte a que nadie lo hace en su sano juicio.
Si quieres hacemos una prueba: proponte hacerlo mañana, elige monte y camina por él sin mirar atrás...
¿Es por tanto que he perdido el juicio? En abosluto. Más bien al contrario, es la capacidad de superación de la que te hablaba. Y podría incluir aquí bastantes y llamativos ejemplos. Notas el cambio en ti mismo cada día.
Pero hay cosas que no quiero olvidar. Dos en concreto. La capacidad de sorpresa que tiene el Camino y el espíritu de solidaridad y compromiso que estoy encontrando. Hazme caso, olvídate de mis caminatas. Esto que te cuento es mucho mejor. Cuando escuchas hablar de las virtudes del Camino y lo emprendes, mitad como reto, mitad buscando esa magia, es muy posible que se termine y no la hayas encontrado. El enfoque puede haber estado equivocado. Es más, concluyo que es imprescindible que el peregrinaje sea amplio, en soledad y con ciertos matices de complicación. Las cosas fáciles no suelen traer cambios trascendentes.
Desde que salí de mi casa me sorprende cada día la implicación de la gente que me encuentro en mi peregrinar. Personas sin ningún ánimo de lucro que me atienden por teléfono, me esperan al día siguiente, me ofrecen lo que tienen y se llegan a sentir mal si creen que no es suficiente. Alucinante. Déjame que lo repita: Alucinante.
Es lo mejor de esta aventura, comprobar que, a pesar de toda la porquería que vemos, leemos y escuchamos a diario, sigue existiendo la integridad del ser humano que ayuda, hospitalario, entregado a la causa del prójimo. Cada día me cuesta más encontrar las palabras de agradecimiento. Parezco imbécil no sabiendo como compensar tanta entrega. Intuyo que me lo notan. Ni siquiera en el Camino Francés del año pasado vi esto. Entiendo que ese recorrido es demasiado turístico ya. Pero aquí es celestial la entrega de la gente que se hace cargo de los albergues.
Lo segundo es la sorpresa diaria. Os confieso que sino fuera por esa camaleónica situación, quizás me hubiese vuelto ya para casa. ¿Porqué digo esto? Es complicado entender este reto. No es una cuestión física. Muchos os fijais en la distancia recorrida a diario para aplaudir el cometido, pero aquí lo que hay que tener duro como el hierro y amueblado con madera maciza, es el coco. No os hacéis una idea de todo lo que fluye por ahí arriba cada madrugada.
La sorprendente e infinita capacidad del Camino para no dejar de sorprenderme, es lo que mantiene mi ilusión intacta. Hoy ha sido otro claro ejemplo. Me he levantado hiper cansado y ahora, casi 14 horas después tengo la adrenalina por las nubes, emocionado a más no poder, pensando en que mañana finalizo el Camino del Sureste y empiezo el Sanabrés. No sabes los números, estadísticas y apuntes que tengo delante mío.
He dormido en el albergue de Mota del Marqués. Las expectativas se han cumplido. Álvaro y Fernando me pusieron en sobre aviso: "Rebeca es de lo mejor del Camino". Se han quedado cortos. Rebeca es de esas personas que le dan sentido al Camino. Que permiten resumir artículos como este en una sola fotografía. Aquello de "vale más una imagen que mil palabras". Su atención constante antes de llegar, durante mi tiempo allí y al día siguiente ayudándome en la organización de mis próximas etapas. Así, sí. ¿Me vas siguiendo cuando hablo de magia?. Estas personas hacen que no sientas que estás solo.
He salido del pueblo algo más tarde que ayer. Eran las 4.49 cuando he puesto en marcha mi grabación. Conocía el Camino, hace tres meses hice los primeros kilómetros con mi querida Dori, apodada ahora Bolichi, porque desde que no estoy en casa no hace otra cosa que comer.
Iba muy, muy cabizbajo esta madrugada. No pude encontrar café ayer y vaya si lo he notado. Cero luz lunar.
Recien iniciada la marcha me preguntaba dos cosas: ¿que narices de eclipse va haber este miércoles si la luna está en su máxima expresión menguante?... en principio, si lo viese, me coge entre Santa Marta de Tera y Rionegro del Puente. ¿Cómo te has quedado? Vale, te digo: en la esquina noreste de Portugal, pegadito a la Puebla de Sanabria, un lugar que, junto a su Laguna, conozco muy bien y te recomiendo visitar.
Pero a lo que vamos. La otra reflexión en el silencio de la noche es si habrá alguna fábrica donde produzcan tontos. No lo sé, pero intuyo que la empresa que los distribuye hace un excelente trabajo. De la misma manera que en el tramo de Relleu a Torremanzanas tenemos al tonto que dedica su tiempo a borrar las flechas del Camino, por estos lares también hay algunos avezados discípulos. Ni cortos ni perezosos, dan la vuelta a flechas de hierro para intentar confundir al Peregrino. ¿Te imaginas que gracia te hace esto a las 5 de la madrugada?. Qué lástima que nadie les haya dado un buen par de ostias a tiempo.
La ruta de hoy ha estado muy pegada a la A6. No llevar nada en el cuerpo obsesionaba mi pensamiento en búsqueda de un café. Dos horas después, como el arcángel que desciende entre las tinieblas, he visto en lontananza las luces de una bendita gasolinera con los colores de nuestra selección. Mi gozo en un pozo. La fachada de su cafetería no podía tener mejor presencia, pero los 15 minutos que faltaban hasta poder poner sabor a mi sueño, no me los podía permitir. Soy animal de mala compañía, culo inquieto, eso de pararme para no hacer nada, se me da muy mal. Espero tener mejor suerte en el siguiente pueblito. Iba amaneciendo.
Los paisajes y el clima van cambiando conforme asciendo provincias en la geografía española. Los inmensos prados de trigo recién cortado empiezan a relevarse con enigmáticos bosques de pinos que permiten a la vista y la imaginación presuponer muchas cosas. Se agradece, aunque durante la noche, todavía ensombrecen más las perspectivas, agudizando los sentidos hasta extremos que desconocía. Otra lección aprendida en esta odisea.
Tampoco tengo suerte en el siguiente pueblo, entre otras cosas porque no lo cruzo y no quiero arriesgar tiempo sin certeza. Continúo. Imagino que en San Pedro de Latarce tendré mi recompensa. Es parada oficial del Camino y eso le otorga un plus... aunque no siempre.
Acierto pleno. Entro en el único bar del pueblo, El Harreñal, y me atizo dos tostadas, de medio metro cada una y no es ninguna exageración, ahí tienes la foto, con aceite y tomate para una boda. Todo ello bañado con un poderoso americano con miel. Hubiera pagado lo que me hubieran pedido. Todos muy amables y entregados a la causa del Camino.
Salgo de allí con otro cuerpo, otro espíritu y otra mente. Llevo 21 kilómetros y me quedan sólo 18 más hasta Villalpando. Hoy tocaba etapa corta por lo que pueda venir mañana, que a esta hora, las 17.59 sigo sin saber ni donde voy ni donde duermo. Ya te enterarás, obviamente.
El recorrido en sí, espectacular. Un camino ancho, muy de Castilla-La Mancha primero y muy de Castilla-León al final. Una curiosa águila me ha hecho compañía durante un par de kilómetros y, cuando menos me lo espero, estoy en la provincia de Zamora.
Me preguntaba como explicarte el tema del clima hoy. Voy a ello: si habitualmente me bebo unos 6 litros de agua por etapa, hoy no ha llegado a litro y medio. ¿Qué temperatura dirías que he tenido durante mis ocho horitas de caminata?.
Y lo mejor, el postre. Hablé ayer con Rosa para alojarme en Villapando, pero es María Eugenia (Nena) quien me estaba esperando. Que maravilla de albergue. Una casa completa, con tres habitaciones, baño, salón y cocina espectacular, para el menda. Ni Dios por aquí, un día más. Los últimos peregrinos firmaron en el libre el 1 de agosto. Por cierto, tardaron 27 días en llegar desde Aspe. Hoy llevo 17 días desde Benidorm. Al final va a resultar verdad que voy algo deprisa.
Maria Eugenia es también la concejal de Cultura de Villalpando, un pueblo declarado en su día el más bonito de toda la región, y Castilla-León es muy, muy grande. Voy en un rato a darme una vuelta para poder comprobarlo.
El Camino es eso: gente y sorpresas. Sin esos dos ingredientes, esto es sólo y puro senderismo.
Ya te cuento mañana donde he ido y si no me he visto durmiendo en el hotel de las mil estrellas. El saco que llevo ya lo extendí en el suelo de Onil.