14° Día del Camino del Sureste. Benidorm - Santiago de Compostela. Ávila -Árevalo 52 kilómetros

Empieza a coger otro aire esta aventura. Es verdad que estaba tardando más de lo previsto, hoy cumplo dos semanas de trasiego. Tampoco ha entrado la nueva templanza por el lugar que esperaba, no tiene casi nada que ver con lo vivido en el anterior pereginaje. No hay un Camino de Santiago, y no hablo de sus muchas rutas. Son mil las diferentes formas de hacer un mismo Camino, supongo que uno por persona. Aquí sólo hablamos de caminar, lo que buscas lo llevas dentro y no sé si siempre se encuentra.
Me pregunta demasiada gente que como me atrevo a hacer esto solo. Para responder y responderme, pienso en Álvaro Lazaga, que lleva 65. Y aún así es distinto, es otro concepto diametralmente opuesto. He cometido el error, o el acierto, de ver sus vídeos del pasado año por estos lugares, otra vez. No tiene nada que ver como los disfruté en su momento con la idea que traigo en el zurrón. Me hace incluso sentirme algo culpable. Lo bien que lo pasan Urko, Fernando y el propio Álvaro. ¿Me pregunto si no me estaré equivocando?. Espero terminar este periplo y estar convencido de que ha sido un acierto.
Hoy ha sido otro de esos días en los que la cabeza me ha repetido más de lo aconsejable eso de ¿que haces aquí?... ¿Y por qué hoy?, creo que por nada en concreto. De hecho, he llegado al objetivo diario, bastante más larga la etapa que estos últimos días, en perfecto estado. ¿Entonces que pasa?. Es difícil de explicar. ¿Cómo lo voy a contar si no lo termino de entender yo...?
Hoy se cumplen 14 días fuera de casa. Los que me conocen saben bien que es mi fecha fatídica. Ni de vacaciones se estar más de dos semanas desconectado de mi bendita y balsámica regularidad.
El caso es que no estoy de vacaciones. No me ha costado llegar a esta conclusión ni me molesta expandirlo. Estoy haciendo el Camino de Santiago desde Benidorm. La broma son casi 1.200 kilómetros. Ese es el motivo por el que hago largas etapas: primero porque me gusta caminar, segundo porque no tengo mucho tiempo y aunque lo tuviera, no aguantaría otros ritmos. No soy buen animal de compañía. No son días libres, son semanas en las que quiero cumplir un reto. Si no me divierto, no es un pecado.
Me he vuelto a levantar antes de las 4. Me despedí anoche del bueno de Juan Jesús. Por cierto, cuando me desperté la primera vez para beber y desaguar, a eso de las 12 de la noche, él estaba cenando. Se había ido a dar una vuelta por Ávila. De maravilla. ¿Entiendes ya porque hago el Camino solo?. Me lo dijo siempre el grande de Álvaro y lo entendí el pasado año cuando hice el Francés. Aguanté media etapa con compañía. Subiendo la parte francesa de los Pirineos me despedí del único conocido del día anterior. El miedo a la incertidumbre me obligó a salir acompañado aquel primer día. No hay segundo vez para un primer día, por suerte. Ninguno más he vuelto a caminar acompañado. Llegué al Obradoiro diez días antes que él. Aún mantenemos la relación. Pero el Camino es el Camino. Veo los vídeos de mis grandes amigos y los disfruto como un chiquillo. Pero no me veo en ellos.
Salí de Ávila en dirección Gotarrendura, siguiente parada "oficial" del Sureste: 22.5 kilómetros que había hecho en algo más de 4 horas. Ni el bar había abierto. ¿Qué sentido tendría haberme quedado ahí?.
Por medio, dos Caminos bien distintos. De noche, penetrando en fincas con ganado libre en plena oscuridad (¿tú lo harías?), hasta llegar a Peñalva de Ávila, con subidas y bajadas y terrenos escarpados. Y a partir de ahí, que es donde se inventó lo de "Ancha es Castilla", visión panorámica hasta el albergue.
Brutal, a un lado y a otro. Rezando para que el sol no picase demasiado. Porque a pesar del madrugón, desde las 7.30 h ya lo llevaba pegado a mi oreja izquierda. Pero hoy está más que disculpado. Por unos motivos y otros, que espero recordar y explicártelos, se ha portado con elegancia.
Han salido 52 kilómetros, 10 más que las dos etapas anteriores. Pero que diferencia, ¡por dios!. A Cebreros llegué con la mente chamuscada, fuera de sí por el error de cálculo y los kilómetros de terreno arrasados por el fuego, y ayer aterricé en Ávila tras descender desde el inmenso Boquerón, previo aperitivo del Arrebatacapas: 26 kilómetros seguidos subiendo.
He seguido hacia delante. Detenerme muy poco era otra de las estrategias ganadoras de hoy. Tampoco había mucho donde elegir. Sin sobresaltos ganaderos ni luna llena que me hiciese la cobertura, la magia la han puesto las estrellas fugaces. ¡Cómo se nota lo cerca que están las noches de las perseidas!. Al amanecer he visto mi primer ciervo. Lo he pillado observando a las enormes vacas que tenía enfrente, y no veas como saltaba cuando ha descubierto que el observado era él. Caminar a esas horas es una auténtica delicia. En la oscuridad de la noche, el frío, que hoy lo hacía como no lo he notado en dos semanas, juega a tu favor, pero son horas complicadas donde los sentidos están demasiado alerta como para escribir que disfruto. Mentiría.
La madrugada dura poco, pero es como cuando saboreas el pastel que tanto te gusta. Me doy prisa en esas mágicas horas. Ya me rodeaba la inmensidad de Castilla por ambos lados. Y así hasta HernanSancho donde, ahora sí, había un bar abierto. Eran las 9 de la mañana y llevaba 26 kilómetros. Perfecto, me queda la mitad. La mujer me lo ha recordado. Potente café con miel y botella de agua fría. Lo último, por costumbre, porque hoy sí que he pasado por al menos 6/7 pueblos y en casi todos había fuente. Pero coño, es que ya no me fío.
A partir de Ávila se respira otro Camino. Se nota todo mucho más enfocado a esta peregrinación. Hay flechas para aburrir, signos, señales, esculturas, pinturas cruceiros... hay sentimiento de Camino de Santiago. Incluso la gente se alegra de verte, y desaparecen los que te miran como el desarrapado que se ha escapado de algún manicomio.
La meseta tiene sus cosas, ¿verdad?. Del frío matinal que no recordaba, a terminar las últimas cuatro horas caminando sin camiseta, en claro recuerdo y homenaje al Camino Francés del año pasado. Casi lo hice completo de esa guisa. Y al profesor le llamó la atención, y a mi sorprendió que se la llamase. ¡Eres el primer Peregrino que veo sin camiseta en mis 12 años caminando!, me dijo. Ni me había fijado, pero tenía razón, ni vi ni he visto ninguno más yo tampoco.
Aunque en este Camino es casi misión imposible, tampoco los veo vestidos. Ayer Juan Jesús y para de contar... en 14 días y 642 kilómetros.
Un maravilloso, inesperado y larguísimo bosque de pinos, me ha salvado de la canícula. He pasado por al cartel de 14,4 kilómetros hasta Arévalo en plenas facultades. Pero ya me sé la historia, y tú también. De la misma manera que empiezo tronándome con el clásico "vuélvete a casa ya", termino siempre con el asfixiante, pegajoso y destructivo calor del mediodía. El papelón que ha hecho hoy ese bendito bosque de pinos con miles de litros de resina cayendo de sus troncos en vasos perfectamente colocados, me ha salvado. Ojo, hasta la entrada de Arévalo. Ya te lo he contado...
De ahí, un paseín hasta el ayuntamiento, donde unos super amables policías locales me han acompañado hasta este pedazo de albergue, en el que estoy solo y no me falta de nada. Así, sí. Ayuda mucho llegar y ver que vas a poder dormir en condiciones.
¿Y mañana?, pues dilema al canto. Iré a Medina del Campo, sobre 31 kilómetros. Mi etapa más corta, pero es que la siguiente opción son 59 hasta Tordesillas. Y va a ser que no. Burradas de ese nivel se han acabado.