11° Día del Camino del Sureste. Benidorm - Santiago de Compostela. Rielves - Escalona 34 kilómetros
Es cierto que los hechos, conforme se produzcan, cambian las percepciones. No digo nada nuevo. Llegar ayer a Rielves, después de 49 kilómetros, convertidos los últimos 19 en los más feos del periplo, tras haber pasado una noche complicada y todavía con las secuelas de la locura de Almonacid, no hacía presagiar que fuera a escribir ningún bestseller. Aún con todo, y a pesar de las referencias previas, el padre Alexis "nos" atendió muy bien. Te recuerdo que me acompañó Abel, el único Peregrino que he visto en todo el recorrido y que llegó malherido con su bicicleta a cuestas.
Curioso atleta que tampoco pone peros a la vida, ¿para qué?. Hay un problema, se soluciona. Y es lo que hizo. Sin pensarlo, agarró un taxi, cargó su bici, se fue hasta Torrijos y la trajo arreglada. Ni el precio de la fiesta me quiso contar. Aunque con la hostia que le habían metido un par de horas antes en el único bar de Rielves abierto, iba contento: un bocadillo y dos cervezas, 18 pavos del tirón. Ahora enriendo porque los peregrinos de Benidorm no hicieron noche aquí el año pasado.
Yo, que me acerqué hasta el otro bar en mitad de la carretera, me llevé otro bofetón, ni siquiera quisieron atenderme. La excusa, que estaban cerrando...a las seis. Y ni un chusco de pan quisieron venderme. Sin problema, todavía tenía tres lonchas de jamón, un trozo de pan, un puñado de almendras, dos magdalenas y un botecín de mermelada. Cené como un marqués, otra vez, gracias a Juan Alcañiz. No voy a olvidar a este gran tipo de El Villar de Don Fadrique.
Me he levantado "tarde". He dejado que el reloj sonase a las 4,40 h. Decidido a recorrer un trayecto "corto" de 34 kilómetros, he salido a las 5,13 del albergue de Rielves, despidiéndome de mi amigo Abel. Me ha costado encontrar una ruta que me guiase en mitad de la noche. De nuevo, y sin que me diese demasiado tiempo a agobiarme, el maestro Lazaga me había solucionado el tema. Gracias, querido ángel de la guarda...
La ruta ha sido curiosa. Empieza a tomar cuerpo algo interesante. Si empiezo fuerte es que la cosa se apagará antes de lo previsto, y al contrario, igual. ¿Qué opción elegirías?. No tenía nada de energía. ¿Me fallan las fuerzas o me traiciona el coco?. Pues sigo sin tenerlo claro. Quizás me estuviera pasando factura la locura de antes de ayer. Quizás el coco, conocedor de que le esperaba bastante menos distancia, se ha relajado. El caso es que el ritmo era más de paseo que de senderismo. También sin problema. Álvaro diría "si no hay ninguna prisa". Y hoy era así.
He pasado Huecas, un bonito pueblo de semblante enigmático bajo la luz de la luna. Ya estaban limpiando el ayuntamiento. El sendero, tanto entre Rielves y Huecas, como hasta Novés, es de lo más bonito que he caminado hasta hoy. Sería el tramo al que te habría traído para que disfrutases del Camino.
Estaba deseando llegar a mi primera cafetería del día. La única abierta en Novés. No hacían falta más. Mariano y su mujer, agradables, amables, profesionales, todo muy rico y con muy buen precio. Dos paisanos, José y Santi, han empezado a decir que me conocían, que si era el periodista del caso Koldo. Me ha pasado ya varias veces, pero lo de hoy No. Santi quería llamar a su mujer para que se hiciese una foto y José se la ha hecho con los dos para enviársela a su amigo de Benidorm. Tan simpático todo como surrealista.
No ha sido la última del día.
He salido de Novés como una flecha. Recuperado y bajo el mejor clima y momento que se vive en el Camino. Sin llegar todavía a las 9 de la mañana y con una suave y fresca brisa, he enfilado dirección Quismondo. De nuevo un paisaje de los que obliga a reflexionar sobre nuestros ridículos motivos para quejarnos de nada. Como dice mi vecino "El Gallego", la vida hay que vivirla, y los que pasamos de 50, más. Estamos en la segunda parte del partido y nadie asegura prórroga. ¿Quién me garantiza que volveré a repetir este recorrido viendo y disfrutando en silencio de estos sobrecogedores paisajes?...
La entrada a Quismondo me ha recibido con un caño de agua fresca. Poco más adelante, un bar abierto donde hacerme otro rico café. La iglesia y un coche funerario frente a mí. Me he sentado al lado de dos señores que han resultado ser familia de la finada. 91 años, ya los firmaba... ¡O no!, porque nadie nos queremos morir, ¿verdad?. De nuevo, y camino de mi destino final, Escalona, he homenajeado a esa señora que nunca conocí ni conoceré, pero que nació un año antes de que comenzase la guerra civil y la han enterrado hoy. ¿Cuantas miles de vivencias se habrán ido con ella?. Mi padre era de su Quinta. Joder, no paro de hablar de ellos a todo el mundo, siempre encuentro como meter la cuña. Cuánto más tiempo pasa, más orgulloso estoy de los dos.
Tanto pensar, tanto divagar, que el wikiloc me ha tenido que dar un par de avisos. Y de repente, por un curioso sendero por el que hace tiempo no circulan muchos, con vallas metálicas a ambos lados, me ha permitido saludar a un rebaño de vacas y toros que imponían lo suyo. Un morlaco de dimensiones estratosféricas ha sido objeto de mi cámara. Incluso lo he bautizado: Quismondo, como el pueblo. Pedazo de buey...
He entrado en Escalona hablando con mi hijo Adrián por el móvil. Un fenómeno. De pronto, me he dado cuenta que estaba en una villa medieval preciosa. Me ha dejado sin palabras recorrer sus calles. Me ha recibido Carlos, un tipo de esos que confirma que la vida sigue valiendo la pena. Me ha dado las llaves de un albergue que, cuando alguien ha visto la foto, me ha dicho si estoy en un gimnasio. Mi respuesta: estoy de lujo y cero quejas. Dos colchones de plástico, con una manta de sábana y otras dos para hacer de almohada, son mi estimada compañía de esta noche.
Movida al canto e inesperada. Escucha: quiero ir a comer y comprar algo y la llave no sale de la cerradura. Vaya tela. Busco ayuda y no doy con nadie. Tranquilidad. Empiezo a jugar y después de muchos intentos, la llave sale. Gracias, ¿pero sabes qué?, que esta noche no cierro la puerta. No se lo digas a nadie, que quiero tener la noche en paz...
Por fin salgo para echar algo al estómago. ¿Menú de 20 euros?, va a ser que no. Sigo en modo Camino de Peregrinación a Santiago de Compostela. Menú de 12 euros, ¡y que acierto!. Me han atendido, servido y conocido dos mujeres maravillosas. Guisado de patatas y pollo al chilindrón, ahí tienes las fotos. Me he puesto a hablar con Isaac Blasco, que en ese momento estaba en Cuatro TV. No me creían. Al final, también me han identificado y nos hemos hecho la foto de rigor.
Y aquí estoy, en el "albergue" (abierto al público) planificando el día de mañana, en el que mis planes me llevan al pueblo en el que nació mi admirado Adolfo Suárez, Cebreros, y en el que por primera vez dormiré en un hotel...no hay albergue ni yo voy hacer otra locura de 60 kilómetros. Emplearé ahí parte de lo que he venido ahorrando hasta hoy. Mañana os sigo contando.