10° Día del Camino del Sureste Benidorm - Santiago de Compostela Almonacid de Toledo - Rielves 49 kilómetros
Y con el susto todavía metido en el cuerpo, ha vuelto a sonar el despertador a las 4 de la madrugada. El Camino no te obliga, pero tampoco te pregunta. Tú y sólo tú, eres quien decide tu propio destino. Busco que imagines, aunque sea por un momento, como es ese primer instante en un albergue de un pueblo perdido, dolorido, solo, a las 4 de la mañana, todavía muy de noche y sabiendo que lo que viene a continuación son otro puñado de horas caminando en la más absoluta incertidumbre. ¿Me das tu opinión?.
Pues la noche en sí, ha sido menos dura de lo que esperaba. Estaba muerto de solemnidad, deduje que del dolor no podría dormir. En parte no erraba. Además, en la piscina, pared con pared con el albergue, hubo ajetreo hasta pasadas las 12 de la noche. Pues con todo eso sumado, no me quejo, algo he dormido. ¿Me estaré volviendo masoquista a mi edad?.
He metido el saco de dormir en su lugar como he podido, no había ni una simple funda en un colchón de plástico. Sin problema. He salido en dirección al bar de mi ángel de la guarda y le he dejado la llave donde me dijo. He encendido el frontal al salir de Almonacid, después de 4 días sin hacerlo. Por poco tiempo, al entrar en campo abierto y aunque la luna ya es menguante, no me ha hecho falta. Soy cáncer y siempre me he manejado bien con la luz de mi astro fetiche. Me gusta mirarla y encontrar en su rostro la imagen de mi madre.
Me resulta difícil de explicar, porque no logro si quiera comprenderlo, como es posible lo rápido que se pasan las tres primeras horas de caminata matinales, por el infierno que suponen las dos últimas. Burguillos ha inaugurado las etapas en las que me voy a parar a tomar café. Que rico. Como una flecha en dirección a Toledo.
Y os cuento. Mi chica se preocupó tanto ayer que decidió que hoy durmiese en la antigua capital de España. De hecho, ir hasta Almonacid tenía por lógica sobrepasar hoy Toledo, que dista 30 kilómetros, porque no me gustan las grandes ciudades. Ya lo he contado también. La he llamado cerca del objetivo para decirle que no lo hiciese. Prefería seguir. Estaba bien y el cielo muy nublado, que para esto del Camino en verano, es como otro regalo del apóstol. ¿Es que no he escarmentado del día anterior?.
Bueno, Rielves dista otros 24 kilómetros, no 35 más, como ayer desde Tembleque. Y encima los dioses me han sonreído. No había obligación de seguir wikiloc turísticos. He bordeado la capital y en total he ahorrado 5 kilómetros. De 54, la etapa se ha quedado en 49. Después de un buen bocata en el chuletero de Toledo, de esos que parecía no saber pedirme, he enfilado hacia el destino.
Nadie me había avisado de dos cosas. La primera que hasta el final del trayecto había más cuesta arriba que llano, y segunda que mucho era por carreteras rectas que, junto con el calor asfixiante que ha regresado puntual a su hora, ha hecho que se hiciese un pelín duro. ¿Cómo diablos pude ayer hacer 64 kilómetros debajo de lo que caía?.
Y aqui estoy, en Rielves, todavía provincia de Toledo. En la casa parroquial, donde el Padre Alexis me ha dado cobijo en un albergue muy completo. Justo al pisar la entrada, un ciclista con cara de estar pasándolo mal llega a la puerta. ¿Hay sitio para uno más?, por supuesto, contesta el Padre. Viene con la bici en la mano, pinchada y estropeada. Lleva tres días de Camino, salió de Monforte del Cid y se calza 150 kilómetros diarios. Se llama Abel. Se ha ido a Torrijos y ha vuelto con otra cara. La bici arreglada, mañana podrá continuar. Acabamos de averiguar que los dos hemos pasado por la casa rural de Juan Alcañiz en El Villar de Don Fadrique.